jueves, 2 de junio de 2011

Carpaccio de solomillo de ternasco

Carpaccio de solomillo de ternasco (Una de calamares II)

Los piñones y el parmesano alegran la creación,
pero la protagonista sigue siendo la carne


Receta de carpaccio de solomillo de ternasco

Buena materia prima

De referencias mayores

Ingredientes: (4 personas)

400 gr. de solomillo de Ternasco de Aragón (dos piezas enteras)
Aceite de oliva virgen extra D.O. Bajo Aragón
50 gr. de queso parmesano cortado en virutas
50 gr. de pasta de oliva negra de Aragón machacada
50 gr de piñones
Zumo de limón
Sal y pimienta

Clásico insuperable,
hermano mayor de todos los quesos de vaca

Caros y queridos



Estrechos, feos y costosos de conseguir.
Camélate a tu carnicero, que vale la pena

Elaboración:

En primer lugar limpiaremos y desgrasaremos exteriormente cada uno de los solomillos. Los enrollaremos muy bien en papel film y los colocaremos en el congelador hasta que estén duros pero sin llegar a estar congelados por dentro. Cuando tengamos la carne preparada para cortarla la retiramos del congelador y la dejamos a temperatura ambiente un par de minutos. Con un cuchillo afilado, eliminaremos los últimos trozos de grasa existentes, y laminaremos la pieza de carne en rebanadas muy finas y la extendemos en una sola capa sobre la fuente grande y plana donde se va servir.

Fotogenia de artista estrellado


Con la carne preparada elaboraremos la marinada, que en este caso consistirá en lo siguiente. En un mortero majaremos a mano, nunca en picadora o molinillo los piñones y sobre ellos añadiremos las olivas deshuesadas, que integraremos machacando sin parar. Verteremos el zumo de limón, la sal y pimienta al gusto y por último el aceite en forma de hilillo. Con arte y pincel dispondremos una capa de la marinada sobre las lonchas de solomillo, impregnando toda la superficie de la carne. Introduciremos la fuente en el frigorífico al menos durante una hora. Tiempo que dejaremos atemperar a temperatura ambiente el parmesano. En el momento de servir cubriremos generosamente el conjunto con las pequeñas virutas del queso.

Nota de cata: Combinación de carne sabrosa cruda y vino blanco, se encienden las alarmas de todo catador profesional y/o experto. ¿Qué nos importa eso a los seres humanos? Un Sauternes de los (relativamente) asequibles es capaz de crear un campo de batalla entre dulces y ácidos en el paladar, que no disfrutarlo por prejuicios sería un hecho del todo imperdonable.


Una de Calamares II
(Crónica de un permiso en Barcelona y de los desvaríos de Albert Einstein por Zaragoza)

Comenzaré relatando un capítulo casi olvidado de mi juventud con la esperanza de que el esfuerzo memorístico se vea recompensado por unos crujientes calamares acompañados por la graciosa nebulosa que hoy me produce el vermú. Lo cierto es que esta aventura de burdeles y alemanes se difuminó en mi memoria como tantas otras de aquellos años, pero gracias a Juancho, el nieto del Relancio, se ha vuelto a presentar ante mis ojos de manera más clara que cualquier acontecimiento acaecido en la última semana. Llevaba el chaval una de esas camisetas, que nosotros usamos como interiores, que lucía en una enorme fotografía un rostro en blanco y negro que me era muy familiar. Bajo aquella imagen unas letras apostillaban un extraño galimatías que recuerdo como E=mc2 o algo así.

Recibido por la realeza con pompa solemne

Loco, genio y relativo...

- A ese lo conocí yo hace mucho tiempo- se me ocurrió decir al fijarme en aquellos ojos huidizos que se me hicieron tan familiares. Juancho sonrió, ignorando mis palabras, como si fuese la típica ocurrencia de un viejo loco. Ya en el bar de la carretera y ante la negativa de la pareja de sacarnos una copita de Veterano para el Relancio y una cañita fresca para mí, volví a la carga.- Si quieres te cambio las consumiciones por la historia del alemán loco- esta vez los niños se miraron con ojos de incredulidad y tras hacer un gesto de total, qué más da, nos encargaron nuestras bebidas y se sentaron a escuchar a este pobre viejo.

No era fácil, terminando el invierno de 1923 en Barcelona, conseguir un permiso de vacaciones para un soldadito de a pie. Sin más enchufe con el alto mando que el ganado a base de conquistar estómagos desde la cocina del comedor de oficiales del acuartelamiento de San Ginés, era impensable que pudiese acudir al bautizo de mi sobrina en Zaragoza. Pero cuando había perdido toda la esperanza, los malos usos y costumbres de la juventud de la alta sociedad de la ciudad condal, dieron un giro inesperado a mis esperanzas.

Así somos. Capaces de perder la pizarra
donde el genio expuso sus teorías en
nuestra Universidad.
Y no colgó ninguna cabeza...

Era una tarde de viernes y estaba yo enfrascado en rematar la limpieza de la cocina tras el servicio de mediodía, cuando irrumpieron en mis dominios una cuadrilla completa de la policía militar. El susto fue mayúsculo pues no eran pocas las razones para ser severamente castigado debido a la mala cabeza que me gobernaba en aquellos días. Se me vinieron a la cabeza lotes de botellas de licores de importación vendidos a precio de oro en la trasera del mercado de San Antonio, lotes de dignos jamones bodegueros de la Plana de Vich, reetiquetados como glamurosos onubenses de pata negra, incluso un par de amiguitas del barrio chino correteando por los pasillos del pabellón. No sabía por donde podía saltar la liebre, pero lo que ya tenía asumido era que iba a pasar muchos domingos encerrado en el cuartel por alguna de mis tropelías. Jamás hubiese imaginado lo que vino a continuación, cuando el cabo de la patrulla se adelantó para comunicarme que tenía orden de escoltarme hasta el despacho del Coronel jefe de la Unidad de caballería. Habíamos oído hablar de él, pero nadie lo había visto jamás por las dependencias, dedicado a labores más altas en sus oficinas de Capitanía. Ejercía su mando delegando en su mano derecha, el corrupto Capitán Madejines, mucho más ducho en la vida cuartelaria y chusquera.

La inquietud y cierto nerviosismo fueron creciendo conforme el furgón atravesaba los cruces del ensanche para alcanzar la Diagonal y subir hasta la altura de Pedralbes. Las puertas del palacio de Capitanía se abrían y cerraban a nuestras espaldas unas tras otras hasta que el vehículo se paró frente a una enorme puerta de madera tallada flanqueada por dos policías que ignoraron nuestra presencia. Fui conducido por el cabo a través de largos pasillos enmoquetados repletos de retratos de personajes militares que nos observaban avanzar hacia la zona de las oficinas. Llegados a la puerta, un joven suboficial que después supe hacía las labores de secretario del Coronel, le indicó a mi acompañante que esperase en una salita mientras se dirigía conmigo a su despacho.

El Rabal barcelonés = Vida

- Buenas tardes cocinero- me invitó a sentarme en una de las enormes sillas dispuestas delante del ordenado escritorio.- A la orden mi brigada- Acerté a decir ignorando la invitación, no tanto por decoro como por el hecho de que en ese momento recordé las dos butifarras que se alojaban en mis bolsillos traseros. Las había afanado de la cámara de la despensa para darles cuenta esa tarde junto a la Maruja y la Desiré, dos graciosas putas del Chino que resumían mi círculo de amistades fuera del cuartelen la Barcelona de aquellos días. Pensaba preparar unos bocadillos con ellas, para sustituir a los habituales cucuruchos de pipas que devoraban cada día, sentados en los bancos de la Plaza Real. Con los nervios los embutidos me acompañaron aquella tarde a Capitanía. No había salida, aquel tipo que lucía el bigotillo de hilo tan de moda en la ciudad no pensaba comenzar a hablar hasta que no me alojase en la lujosa tapicería de aquel butacón. De perdidos al río, pensé. La idea de sacar las butifarras y ponerlas sobre el pulcro escritorio y dar explicaciones sobre porqué estaban allí no me pareció una opción. Así que como quien se sienta sobre una canasta de huevos caí sobre mis huesudas posaderas.

- Bien, vamos al grano porque mis informaciones sobre usted me advierten de que es una persona discreta y colaboradora- no borraba la sonrisa que comenzó a parecerme un parapeto desde donde iba a ametrallar a todo mi pelotón en cuanto estuviese a tiro. Por eso y porque comencé a ser consciente de que los pellejos frescos de las longanizas habían cedido a la presión de la carne magra y adobada del interior, que comenzaba a desparramarse, primero por el interior de los bolsillos, y después asomando por sus aperturas; me erguí sobre mi espalda en posición de alerta. No olía bien el asunto. Al menos no tanto como la carne picada que comenzaba a desbordarse de los pantalones a la brillante tapicería.

Merecida fama alegre y libertina.
Isla en el océano del aburrimiento y nacionalcatolicismo

-Ciertos hechos que no vienen al caso han hecho perder el juicio a un miembro de la más ilustre estirpe de la ciudad, y necesitamos de sus servicios para zanjar una situación que no se puede demorar por más tiempo- Permanecí atento mientras hablaba comprendiendo el porqué aquel tipo enjuto y no muy agraciado medraba a gran velocidad en el elitista cuerpo de caballería. Vaya dominio de la labia. Que maravilla de uso de perífrasis y demás herramientas. Nadie podía negarle nada si lo pedía así. Y menos alguien a quien se le escurría carne picada por la rabadilla. Mis ojos abiertos olvidando el parpadeo por la perplejidad le animaron a continuar. Se trata del hijo del Coronel, el Alférez. Sin duda sometido a la gran presión de la Academia de Oficiales, se encontraba de permiso por aquí cuando ocurrieron los hechos- Ni toda su verborrea clásica, ni la preparación previa del discurso evitaron aquí un parón que disimuló con una tos fingida. – Fruto de irreflexión y la juventud- justificó el brigada- el joven se enmarañó en una disputa con su honorable padre- el rodeo eufemístico obligaba a aquel tipo a un esfuerzo que comenzaba a hacer mella en su rostro – resultado de la cual el Alférez abandonó el hogar con quinientas pesetas que afanó de la cocina antes de salir. Sabemos por información de la policía municipal que el vástago de Usía lleva dos días recorriendo todos los burdeles del Barrio Chino- bajó la voz para pronunciar estas dos últimas palabras, y las mejillas se le colorearon de rubor- gastando primero el capital sustraído y endeudándose con prestamistas indignos de su condición después. Lo que le pedimos es que realice un servicio a la patria y rescate de su mal camino a la criatura- Parecía que me pasaba la palabra, porque jugueteando con un brillante plumín de escribiente no volvió a abrir la boca.

Estampa curiosa para la España de los veinte y treinta

-A ver si lo he entendido- me atreví a romper el silencio asfixiante- El nene del Coronel se ha ido de juerga por los bajos fondos con el dinero de papa y se niega a volver a su vida de lujo y aburrimiento, y quieren que este pobre diablo le salve el culo. Pues bien, para eso estamos, y qué están dispuestos a ofrecer a este pobre diablo, pregunto yo.- El tono mucho más prosaico relajó al secretario que abandonó su discurso a la violeta para demostrar que también llevaba muchas horas de rancho e imaginaria.

-En primer lugar amnistía por las decenas de pequeños hurtos que la oficialidad le consiente por no prescindir de su buena mano para el pil pil. Punto segundo: se le concederá el permiso de una semana que viene solicitando desde hace un mes y que no logrará de otro modo, a lo que añadiremos como gesto de generosidad otra semana por la patilla. Y para terminar, el Coronel quiere mostrar su caridad con los desfavorecidos del cuerpo donando digamos, la cantidad de trescientas pesetas de gratificación.- Aquello me gustó, por fin veía la magnitud del asunto con claridad.

Oficio antiguo y desprestigiado

- Que sean quinientas y está hecho- contraoferté con rapidez.

- Asunto zanjado, que Dios nos coja confesados a los dos como la cosa no salga bien. Por cierto soldado, no huele usted como a churrasquería-

Embutidos seculares.
Al fuego se tornan magia.
Conjuro de aquelarre

miércoles, 25 de mayo de 2011

Gin tónic picante de melón (Una de calamares I)

Gin tónic picante de melón (Una de calamares I)

Cóctel para disfrutar de las aventuras de un anciano


Receta de gin tónic picante de melón

Ingredientes: (2 personas)

½ Melón cortado a lo ancho  
Un trozo de jengibre fresco
100 ml de Ginebra Hendrick´s
250 ml de Tónica Fever tree
Dos cucharadas de azúcar moreno
Unas hojas de menta fresca recién cortada
Un limón


Jenjibre picante y siempre extraño

Subimos el nivel, vale la pena


Pues eso, seguimos con el homenaje




Elaboración:

En primer lugar retiraremos las pepitas del melón con la ayuda de una cuchara. Después sacaremos esferas pequeñas de la carne del melón usando un sacabolas y las colocaremos en un bowl. Pelaremos el jengibre y lo rallaremos sobre el recipiente. Incorporaremos la ginebra, la tónica, el azúcar y la ralladura de la corteza de un limón. Dejaremos macerando la mezcla en el frigorífico como mínimo durante una hora.
Para presentarlo, vaciaremos bien el melón, agrega un poco de menta picada, introduciremos las bolitas de melón maceradas y la mezcla de líquidos previamente colada para evitar los restos sólidos del jengibre y de la corteza de limón. 


Nos ayudan los instrumentos precisos

...para el trabajo


Una de calamares I
(Donde se explica el motivo de la redacción de estas memorias y la afición a los calamares de un anciano casi centenario)

Que con noventa y seis cumplidos le incomoden a un servidor de ustedes con exámenes de próstata semanales se puede entender. Lo que a mi juicio es indecente es la prohibición colegiada entre doctores y monjas de comerme mi racioncita de calamares de los domingos. Y no es que me considere completamente inocente en este asunto, pues se trata de una batalla que fui dejando perder poco a poco. Ya en tiempos en los que vivía mi señora hice la primera claudicación, sustituyendo el generoso vermú con que los acompañaba por uno de Coca cola. Verle feliz valía la pena, y yo no sabía como iba a acabar la historia. Años después, al ser consciente de mi viudedad intente sacarle algo positivo a tan ingrato estado, pero en vez de recuperar el aromático vino ajenjazo, un complot se urdía sin mi conocimiento. La elección a la que fui obligado por mis hijos me distanció para siempre de ellos, aunque a veces dudo si alguna vez habíamos estado cerca de verdad.

-Padre, o le quita el all i oli a los calamares o se los prohibimos.- Así fue como, lejos de recuperar el vicio completo, se me mutiló el único lazo que conservaba con aquel joven que una vez fui. Deje de ser el dueño de mi destino y pasé a ser el trasto apartado que ahora descansa en este puticlub de monjas sonrientes.

Sueños de residencia y abandono

Trabajoso all i oli (siempre sin huevo facilón)

Combinación de dioses


Sustituida la salsa de la vida por un gajo de limón, y hasta el vaso de refresco por uno de agua sin gas, pasé los últimos años vegetando al sol de este pequeño, pero acogedor jardín. Las fuerzas me han ido abandonando hasta para la insumisión, pues ya sólo me complazco con fingir algún dolor ante mis hijos, por eso de crear algo de angustia o remordimiento en ellos, o liberar premeditadamente mi vejiga sobre la ropa limpia para incordiar a estas monjas. Pero ni los unos ni las otras entran al trapo de mis fechorías y arreglan mis inocentes tropelías con constantes visitas de médicos que no encuentran razones clínicas para mis síntomas.

El invierno pasado ocurrió la catástrofe, pues sin comerlo ni beberlo fui privado de mi único momento de verdadera felicidad. Los resultados de unos análisis rutinarios confirmaban las sospechas. Los niveles de ácido úrico se habían disparado. Había que hacer algo. Mi platito de calamares en el bar de la carretera fue tachado de culpable tras un juicio sumarísimo, y condenado a una estricta orden de alejamiento de mi persona que nadie hasta hoy se ha atrevido a quebrantar. Estos son los antecedentes que necesita conocer el lector de estas líneas, que para mí simbolizan las llaves que abren la puerta del pecado.

Desde la muerte de mi señora pasé a compartir habitación con el Relancio, Federico de nombre. Un enorme abuelote que se había quedado medio tarumba por culpa de un virus, que agusanó una parte de su cerebro. Y digo bien con lo de medio, pues así como su parte derecha se quedó casi inmóvil y torpe, era capaz de abrir un botellín de cerveza usando sólo los dedos de la izquierda y parte de su dentadura. Era divertido verle compartir afición conmigo, pues cada noche debían acudir seis monjas de las más lozanas para levantar su flácido cuerpo de la silla de ruedas y pasarlo a la cama. La maniobra se repetía cada mañana para llevarle a orinar al baño y adecentarle de nuevo en la silla. Pero en la soledad de las tardes, el mismo Relancio se incorporaba sin ayuda y, con una agria sonrisa, se lanzaba con cierta agilidad sobre la cama con el fin de acometer siestas de campeonato.

Las largas horas de jardín, el aburrimiento y la ausencia total de alicientes me unieron a mi compañero de un modo muy gratificante. Largas conversaciones bizantinas acortaban la espera entre las comidas, que resultaban ser los únicos momentos esperanzadores del día. Aunque siempre decepcionaban por su poca variedad y enjundia, no se puede decir que las siervas del señor tuvieran mala mano para los fogones. Sacar partido a verduras sin apaño y a todo tipo de pescados sin sustancia era un arte cultivado desde hacía siglos por ellas. Era entonces, entre sopa y borraja, cuando mi compañero y yo nos dedicábamos a sacar punta a lo humano y lo divino. Por no ir más lejos, la semana pasada inventamos un sistema de catalogación de las familias de todos los internos, en base al régimen de visitas que practicaban. No expongo aquí más que los dos tipos principales para no hacerme pesado con el asunto. Unas de las más habituales, y a la que pertenecían los de Relancio eran las estreñimiento, por acudir una vez por semana al asilo. La incomodidad del asunto, pues estamos a casi veinte kilómetros de Zaragoza, donde las residencias son sensiblemente más económicas, todavía no había vencido a la mala conciencia de haberse desprendido del familiar. Otras como la mía, con más experiencia a la espalda, espaciaban sus visitas al plazo de un mes, con lo que, y siempre según nuestra catalogación, pasaban a pertenecer al grupo de las menstruaciones. Y no me quejo, pues aún quedaba el grupo de los olvidados, en el que no me gustaría caer antes de cumplir la centuria.

Calles de antaño

Algunos guardan esencias seculares

Otros llegan a la vanguardia


El caso era que todos los domingos por la mañana, cuando unos viejos acudían solícitos a su misa habitual, los más por distraer el aburrimiento o porque ese día recibían medio cazo más de sopa de manos de las hermanas, otros recibían en el salón la visita de sus familias. Debí de caer en gracia, porque la familia del Relancio pronto me acogió con los brazos abiertos. Sucumbí a sus sobornos en forma de botellines de Ámbar. La transacción era tácita, a cambio de un par de quintos bien frescos el bienestar del abuelo me quedaba encomendado. Llegó a gustarme tanto la jugada que recibía como un incordio la visita mensual de mis familiares, mucho más cautos a la hora de vigilar mi castigado cuerpo.

Entre los familiares del Relancio pronto me sentí en un ambiente ciertamente familiar. Se trataba de una de las tantas familias que no podían ocultar su origen rural. Llegadas a la capital buscando la comodidad de la vida moderna, no se habían quitado del todo los hábitos de una vida más tradicional y tranquila. Por eso me divertía la situación que les había creado la reciente declaración del nieto menor. Con apenas veinte años y sin ningún apuro presentó en su casa a su novio de manera natural. Ni que decir tiene que el joven fue bien recibido y rápidamente integrado dentro de los avatares familiares. Pero aquello sólo fue la reacción superficial, pues el hecho hizo temblar los pilares domésticos, y cada cual asumió la situación como mejor pudo y supo. Por su parte el Relancio, contra pronóstico, supero la noticia con nota, llegando a ascender a su nieto Juancho a la categoría de ojito derecho. Por su valor, aducía el abuelo; pero el brillo de sus ojos cada vez que aparecía, y la sagacidad con la que he sido dotado para la catalogación sexual de mis congéneres, indicaban que había otros motivos ocultos y callados para aquel orgullo. En fin, eran otros tiempos.


Estampa española, su carácter

Oooooolé !!!

Historia del bacalao, desclasado nuevo rico

El objetivo por el cual paso mis mañanas sentado en el pequeño escritorio de nuestro dormitorio no responde a cuestiones literarias. No deseo transmitir a nadie las experiencias que la larga vida me ha permitido disfrutar. No es de mi gusto que nadie conozca mis vergüenzas pasadas. Me veo como un personaje importante haciendo balance de una vida llena de grandes momentos, pero tampoco la ambición es la que me mueve a realizar esta tarea. La culpa es de los calamares. Del crujido de su rebozado reciente. De su salsa de ajo penetrando en la miga de un pan crujiente recién horneado. Sabores de un Tubo de antaño, de tascas con servilletas en el suelo y palillos ensartados en largas banderillas encurtidas. De tacos de bacalao con tomate, cuando era un pescado popular y callejero. El círculo se cerraba. Vine al mundo entre calamares y con su sabor lo dejaré, aunque me cueste el esfuerzo de exprimir mi memoria cada mañana y de vencer a la vergüenza que siento cada vez que me desnudo ante un público que desconozco.

El contrato se selló con un apretón de manos entre el apuesto Juancho y yo, ante la única presencia de su abuelo y su novio, que felices se frotaban las manos pues ambos saldrían beneficiados por un pacto cuyos términos quedaban aceptados por ambas partes. Cada semana que yo le presente la redacción de un capítulo aleatorio de mi vida recibiré la recompensa de una ración de calamares con su ajoleo, pan correspondiente y regados con un generoso vermú. No podrá existir el reproche en nuestra relación. Cada cual como hombre libre será responsable de sus decisiones. Yo de mis previsibles subidas de ácido úrico y Juancho del alto nivel de conocimiento de la bajeza humana que mis relatos le otorgarán. Por otro lado renuncio, en plenitud de mis capacidades mentales, a cualquier beneficio económico que se pueda obtener con la impensable publicación de estas caóticas memorias. Las dejo para la posteridad y para sufragar cuantos platos de calamares sea capaz de ingerir mi ya exiguo organismo.


Residencia de Pedrola, desde donde recuerda nuestro amigo

Paso ahora a relatar el primero de los capítulos de mi vida que quiero traer a estas páginas. Si he elegido éste es por exigencia de mi mecenas, pues aduce que le causó tanta impresión que no dejará impasible a ningún futuro lector de mis desvaríos nonagenarios. Así pues comienza el periplo por mis agotados días.

viernes, 20 de mayo de 2011

Cocktail Oyster Manzanilla (Brindis por el Movimiento 15 de Mayo)

Cocktail Oyster Manzanilla (Brindis por el Movimiento 15 de Mayo)

Producto noble para una ocasión de lujo


Coktail Oyster Manzanilla

Brindis por los indignados

Ingredientes: (4 personas)

Cuatro ostras
Cuatro aceitunas
Un limón
Cuatro rodajas de pepino
Un vaso de Ginebra Bombay Shappire
Un vaso de Manzanilla
Una bolsa de cubitos grandes de hielo

Manzanilla popular

Combinaciones de diseño


Elaboración:

En primer lugar abriremos y extraeremos las ostras de las conchas, las pondremos en un bowl y las reservaremos junto con su agua en el frigorífico para que estén bien frías. En ese momento llenaremos un vaso con hielo picado hasta arriba. Agregaremos la manzanilla bien fría, la ginebra y el agua de las ostras. Mezclaremos bien.

Como detalle clavaremos cada aceituna y una rodajita de pepino sin pelar en un palo de brocheta. Untaremos las copas con un trozo de la cáscara de limón para que sus aceites nos besen en cada trago. Introduciremos en cada copa una brocheta, un trocito de corteza de limón y una ostra.

Con todos los elementos preparados esperando en la copa, verteremos el líquido del cocktail una vez colado sobre ellos.

Salut
Justificación de la receta:

Paseaba este humilde charolastra por las calles de su barrio esta misma tarde cuando una visión mágica me ha sorprendido, e incluso alterado el ánimo, últimamente demasiado apaciguado. La postal que me ha conquistado, a la vez me ha provocado la necesidad de crear un trago nuevo para la ocasión. Uno nuevo, rompedor.

Zaragoza clama desde su corazón.
Plaza del Pilar

Ciudadanos ejerciendo la libre expresión.
Esta vez es de descontento

La Puerta del Sol
anima el espíritu
estos días

El hecho es que mis pies me han llevado, sin tener conciencia de ello, hasta la Plaza del Pilar. Estaba allí acampado el llamado Movimiento del 15 de Mayo. La escenografía era extraña para el mundo tal y como lo conocemos. Un micrófono solitario, rodeado de una plaza repleta de gente sentada por doquier. El sistema de funcionamiento es lo que más me ha sorprendido. Allí se levantaba cada cual, en el momento en el que quedaba libre el estrado, y comunicaba al auditorio el mensaje personal que quería. No había consignas preparadas, mensajes únicos ni organizaciones de ningún tipo. He visto personas indignadas (perdón por el guiño facilón) con los canales del sistema. Eso era lo único que les unía: la evidencia de que el modelo representativo actual no funciona. Hay unas interferencias que se deben reparar, y no en base a una regeneración moral de los poderosos, que en eso ya pincharon los optimistas como los socialistas utópicos o los decimonónicos regeneracionistas. El hombre siempre vuelve a sus derroteros. La codicia, el miedo a enfrentarse al monstruo del capitalismo, la despreocupación por los asuntos ajenos son los valores imperantes en el mundo de la representación pública. Invertir el proceso de degradación sólo puede hacerse desde un punto de partida nuevo. Necesitamos una legislación clara que impida los abusos que nos avocan a la indiferencia política y al descrédito institucional. Estos son algunos de los mensajes, insisto, particulares que he podido escuchar.

1-        Un sistema electoral que manipula las matemáticas no es la mejor referencia democrática de la que partir. Favoreciendo el bipartidismo, a los partidos nacionales con fuerte implantación  o a los pequeños nacionalistas a modo de feudos se llega a la conclusión de que ninguna novedad puede llegar a tener presencia real en el mundo político.


2.         Es un grave error el hecho de que la representación política se deba llevar necesariamente a cabo a través de los partidos políticos, que además, con premeditación reciben una financiación de acuerdo a sus resultados electorales pasados. Se impide, de este modo el surgimiento de ninguna otra organización, así como la posibilidad de elegir representantes ajenos al mundo partidista.

Joaquín Costa.
La buena voluntad y...

Conde de Saint Simon.
... el cambio de moralidad,
no sirvieron en el pasado
3.         El sistema político caduco ignora, salvo en campaña electoral, todas las aportaciones que a la sociedad han ofrecido los llamados nuevos movimientos sociales desde la mitad del siglo XX. Las organizaciones ecologistas, feministas, antibelicistas, las ONG´s con finalidad de cooperación internacional, educación social, defensa de los Derechos Humanos, convivencia… viven hoy literalmente en el ostracismo para nuestros representantes. Por suerte, su presencia en la sociedad civil es tal que el desajuste acaba por desvelarse. Y parece que ha llegado el momento de integrar a los ciudadanos y sus organizaciones y acciones espontáneas en la política real.

4.         El diálogo social se lleva por derroteros fantasiosos y alejados de las preocupaciones de la gente. Sindicatos que apenas representan a nadie; extremadamente dependientes de sus hermanos mayores, los partidos; nutridos generosamente por los fondos estatales y funcionando únicamente como empresas de transmisión de información y agencias de trabajo temporal, por no referirnos a sus ingresos como empresas de formación laboral. Éstos son los que se sientan frente a una patronal que se dedica a lo que se tiene que dedicar, a defender un sistema que siga protegiendo la explotación y los resultados empresariales insultantemente abultados. Ellos se lo coman y ellos se lo beban, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. La fantasmagoría se destapa y convierte a sus protagonistas en caricaturas. No son los nuestros. Ellos no.

Stephane Hessel.
Juventud octogenária

José Luis Sampedro.
Lecciones de vida y arrojo
5.         Hay una mentira que se busca convertir en verdad a puro de repetirla. La abstención política es fruto de la despreocupación o la ignorancia. Y una leche. Existimos los absentistas responsables. Sabemos lo que hacemos cuando en cada cita electoral nos paseamos por delante del colegio electoral, metemos la nariz por la entrada, y salimos corriendo con nauseas agrias. Ignorar el hecho de que una parte cada vez mayor de la sociedad ejerce el derecho a la abstención consciente y punitiva es un error tan grande como el hecho de que los votantes lo son por convencimiento. No sólo estamos los que no votamos por falta de fe en el sistema, sino que una mayoría de los que acuden fieles a la cita, lo hacen a la contra. El voto del miedo, del menos malo. Ese es el panorama real electoral por estos lares. Descreídos en el exterior del sistema y temerosos en el interior. Si no es el momento de apretar las tuercas al poderoso, no lo será nunca.

José Saramago.
Éste no faltaría a la cita
Y por todo lo dicho hasta aquí y debido a una patología clínica que padezco desde que era pequeñito, quiero rendir un sentido homenaje a la gente con la que he pasado la tarde. No contarán con mi presencia en sus actos. No me manifestaré por su lucha. Y esto parece una contradicción después de lo escrito hasta aquí, pero es mi patología, el pesimismo innato la que provoca la imposibilidad total de pertenecer a ningún grupo, organización o movimiento. Pero lo que si que puedo es simpatizar con un grito sincero, indignado y lleno de conciencia política. Se infectará, no soy un inocente. El monstruo se los tragará como una galletita, no soy un ignorante. Pero mientras el grito perdure el la Plaza del Pilar tendrán mi apoyo, y como lo único que creo que hago bien en este mundo es crear sabores que nos acerquen a la felicidad, hoy trabajo por ellos. Para todos los indignados del 15 de Mayo, este cocktail para brindar por la victoria, esa utópica victoria. Amunt, amunt, que dicen nuestros queridos vecinos. Salut, charolastras.

Propuesta a la vieja usanza panfletaria.
Un lujazo
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