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viernes, 6 de mayo de 2011

Pa amb tomàquet y fresas (Montaditos Pep Guardiola)

Pa amb tomàquet y fresas (Montaditos Pep Guardiola)


Nuestra aportación a la celebración culé,
montaditos originales
Pa amb tomàquet, jamón, queso, fresas y mermelada de frambuesas

Ingredientes: (4 personas)

Doce rebanadas de pan tostadas en sartén
Tres tomates carnosos y maduros
Aceite de Oliva Virgen Extra D.O. Bajo Aragón
Doce lonchas de jamón D.O. Teruel
Doce medallones de queso de cabra loncheados finos
Doce fresones de Huelva
Un bote de confit de Cereza Anko (venta en Espacio Gourmet http://www.miespaciogourmet.com/tienda/index.php/dulces-chocolate-turron-bombones/mermelada/confit-de-cereza.html)

Un tesoro cerca de casa, a un click

Elaboración:

Al tratarse de una receta elaborada con todos sus ingredientes en crudo, su preparación se reduce básicamente al montaje. El único aspecto muy recomendable para elebar el nivel del montadito sería el tostado del pan en sartén momentos antes de su consumo, para que todavía esté templado a la hora de saborearlo.
Buenos alimentos



Sobre cada una de las tostadas de pan dispondremos el tomate frotándolo con energía. Aquí nos saltamos un elemento muy catalán a la hora de su preparación, que es rascar un ajo por el pan antes del tomate, pero consideramos que el sabor a ajo estropearía la combinación de sabores que hoy buscamos. Un chorrito de aceite sobre el tomate ayudará a recordar los sabores tradicionales de la receta original. Llega el turno del queso. Éste debe ser muy fino para que no se apodere del sabor del conjunto, pero suficiente para ganar en cremosidad y untuosidad. Cubriendo el queso dispondremos una generosa loncha de jamón de Teruel y sobre ella el fresón bien escogido, pues es el elemento original de la tapa y el que más vistosidad debe aportar. Como colofón y sin pasarse de cantidad, un goteo con la confitura de cereza arriba recomendada aportará el nivel de grata acidez que jugará un papel más que decisivo en el resultado final.


Brillaron entre manjares


 
Nota de cata:

Nuestra elección en el día del tapeo culé fue un clásico. Nada original, pues queríamos que el protagonista fuese el montadito, por ello elegimos un blanco tradicional del Penedés, Un Viña Esmeralda de Torres, que combinó a la perfección con los montaditos por su carácter dulce y juguetón en boca.

Bien frío, el caldo ideal

Justificación de la receta:

Creo que con el resultado de las semifinales de la Champion League contra el Real Madrid  para celebrar, se nos ve el plumero a estos idasdecocina en cuanto a nuestras preferencias futbolísticas. Nuestra adoración al entrenador del Barça llega a límites de forofismo personal. Como no sabemos hacerlo de otra manera, nuestro homenaje a sus triunfos en el campo va acompañado de esta receta, que fue con la que celebramos el triunfo frente al eterno rival.

Clase, categoría e integridad

El futuro tiene forma de cup

Dejaremos hoy la reflexión en manos de nuestro héroe. Si lo dice él, para nosotros tiene carácter de excátedra. Hoy va por ti, Pep. Salut.

"Creo en el trabajo, el esfuerzo, el talento, que me darán una plantilla para no quejarme de nada, que solo no puedo hacer nada, necesito a otro mundo. Será un trayecto duro pero persistiré. Es complicado pero gratificante."

"Estoy convencido que la gente estará orgullosa de nosotros. Mi reto es que la idea que siento tan mía la transmita al vestuario. Estoy convencido que todos se lo pasarán bien. Muchas gracias y bienvenidos".

"Todos los estilos son buenos. Intentaré convencer de lo que siento, sin ello, no puedo ganar. Tenemos que ir a buscar el partido, soy un fan absoluto del juego de ataque. Cuando veo la pelota cerca de la portería contraria, estoy más tranquilo. He leído que solo fichamos defensas, pero atacaremos mejor si tenemos una mejor defensa y defensaremos mejor si tenemos un buen ataque".

"El equipo correrá, se esforzará. Creo que en la fuerza de la palabra, aunque sé que no es suficiente. La gente estará orgullosa porque verán que los jugadores lo dan todo en el campo. Los jugadores tienen un gran nivel, pero todo depende del esfuerzo de cada uno".

De jugador con un crack

De entrenador con otro

No le pilla de nuevo
"Perdonaré que jueguen bien o mal, pero no que no se esfuercen".

jueves, 16 de septiembre de 2010

El futuro es nuestro si no muere el all i oli

Son muy comunes entre el gremio de los historiadores las expresiones "Historia maestra de vida" o más en detalle "la Historia ayuda a entender el presente y a proyectar el futuro". Personalmente, y como miembro cada día más desafecto de la profesión estoy más o menos de acuerdo con ello. Más o menos porque lo cierto es que se quedó en una abstracción muy bonita, pero nada más.
Como buen representante de una generación que se educó con la televisión (y gracias a ella), necesitaba algo más práctico para que me ilustrara esa teoría. ¿Qué aprender de una batalla, de un orden social, de una decisión política, de una crisis económica ...? Lo cierto es que me costaba mucho ver el valor práctico del conocimiento del pasado para mejorar el mundo. Pero el otro día un ejemplo cotidiano me ayudó a entender la idea en todas sus facetas, nada menos que la receta de la salsa reina, el all i oli.

Mi relación con la salsa comenzó en mi infancia, claro está que como aragonés, ésta venía con otra denominación: ajoleo. Mis primeros recuedos familiares se encuentan en torno a una mesa de domingo, donde mi abuela y las mujeres de la familia (el machismo de aquellos tiempos lo machacaremos otro día) alternaban cada semana rancho de caracoles o de conejo, y los días especiales de las dos cosas. Pero lo que recuerdo con mayor claridad eran los varios platillos que, dispuestos en la mesa para que todo el mundo los pudiese alcanzar, rebosaban una pasta amarilla y muy espesa. Lo cierto es que en la zona de los niños era raro ver el ajoleo porque, imagino, lo consideraban un sabor demasiado fuerte para nuestros paladares. Por eso les extrañaría cada vez que yo me levantaba y sigilosamente, miga de pan en mano, me acercaba para untarla generosamente. Recuerdo el picor, la fuerza, pero sobre todo el olor que violentaba mi naricilla. Una sensación agresiva que me causaba un placer nunca olvidado. Masoquismo infantil.

Los años pasaron y las reuniones familiares se hicieron, cada vez, menos frecuentes. Con el cambio a la adolescencia y sobre todo en mi juventud, mi relación con el ajoleo cambió. Llegaron a casa, regalo de familiares emigrantes a Alemania, los avances tecnológicos, y con ellos un enemigo de mi salsa, el huevo. Si se prueba a hacer un all i oli con batidora eléctrica se comprobará lo que digo. Aceite de oliva, muchos ajos y pizca de sal. Apretamos el botón de On y no pasa nada, aquello no emulsiona. Surge un líquido blancuzco que nadie sería capaze comer. Por ello se introdujo el huevo (los más refinados sólo lo hacen con la clara). De este modo la elaboración es muy fácil y el resultado es más suave y menos agresivo.
Pero ¿Eso es all i oli? La respuesta no puede ser otra, de ninguna manera. La nueva salsa ya no es pastosa, su olor a ajo apenas se aprecia, y su suavidad hace posible que incluso un niño pueda disfrutarla. Pronto esta nueva versión se impuso no sólo en los hogares españoles, sino lo que es más grave, en nuestros restaurantes, perdiendo la vieja pasta amarillenta su lugar en nuestras cocinas.

Fue hace un año cuando me reenconte con mi viejo amor, al que casi había olvidado. Mi vida, creo que como todas, pasa deprisa y no tenía tiempo de pararme a recuperar las sensaciones del pasado, no era práctico y no servía para nada más que para ponerme triste por el tiempo perdido (Guiño joiciano, que no plagio). Pues bien, un amigo que vivía por entonces en Fraga nos invitó a un grupo de Zaragoza a comer en una masía tradicional cercana a Lleida los divertidos calçots, que deboramos con ansiedad. Cual fue nuestra sorpresa al enterarnos que aquello no era nunca plato único, sino el entrante. Así que fui obligado a pedir un plato más (vaya castigo para mí). Aproveché para elegir mi preferido de la gastronomía catalana: montxetes amb botifarra (en este caso la pedí negra). Pero ni los generosos calçots, ni el jugoso embotit pudieron hacer fete a lo qe acompañó el plato principal. Ya había metido tenedor y cuchillo en el plato cuando el camarero puso cerca de mí un platillo con all i oli. Aquello no se parecía en nada al que llevaba años consumiendo. Las sensaciones que se sucedieron fueron violentas. Volvi décadas atrás. Mi familia rejuveneció. Incluso alguno de los que ya no están regresaron para la´ocasión. No pude menos que llorar (disimulando en el lavabo, que uno tiene su pudor), pero no de pena.
Comprendí de golpe que todo lo que yo era en esencia se forjó en torno a esas mesas. Mis valores, buenos o malos se gestaron en el seno familiar. Y siempre con un invitado común: ajoleo. En la masia catalana entendí el para qué de conocer la historia de manera ejemplar. Ya no era una abstracción, ni tan siquiera puedo explicarlo, pero sé que esa visión del pasado me hizo conocerme mejor, comprender mis raices, volver a recordar los proyects de un niño, que se fueron perdiendo con el tiempo, transformándose en otros cada vez menos ambiciosos y con más huevo.
Tomé una decisión. No sé si me ayudará en la vida o me la harámás difícil, o quizá las dos cosas, pero a partir de entonces un lema ilumina mi camino: ni un all i oli con huevo, ni un sueño abandonado 
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