martes, 19 de abril de 2011

Receta de Arroz con Leche y Fruta fresca (Yo maté a Donald)

Receta de Arroz con Leche y Fruta fresca (Yo maté a Donald)

La cremosidad y el caramelo nos lo sugirió Casa Lucio
Disponer de soplete o plancha de metal evita el trabajo de horno

Receta de Arroz con Leche y Frutas



Arrocito del Delta del Ebro

Mientras no haya trasvase seguiremos disfrutando

Producto de Tauste, consumo de proximidad

Para la cocina, la leche de cabra aporta una grasa que facilita la labor

Ingredientes (4 personas)

150 gramos de Arroz
1 litro y cuarto (cinco vasos) de leche entera
Una rama de Canela
Corteza de limón
Cuatro cucharadas colmadas de Azúcar
Ocho Fresones de Huelva
Un Melocotón de Calanda
Un Plátano de Canarias

¿Banana? ¿Eso qué es? teniendo esto...

Islas afortunadas, por algo tenía que ser

Oímos los bombos y saboreamos sus frutos

Aragón calidad

Fesón onuvense, como debe ser

Aromas de novela de juventud


Elaboración

En primer lugar calentaremos la leche en un cazo hasta ponerla humeante. Agregaremos la rama de canela y la corteza de medio limón entera. La idea es que se puedan retirar ambos ingredientes al final de la preparación. Verteremos el arroz en el cazo y removeremos durante la cocción con la idea de que extraiga el almidón. Con el almidón y la escasa cantidad de leche, conseguiremos un punto muy cremoso. Media hora después el arroz debe presentar una textura gordita, pues el objetivo es que pueda envolver a las frutas y no quede líquido.

Así nos quedó, fresquita y colorida


Con el arroz en su punto, pasaremos a retirar la canela y el limón y distribuiremos la mezcla en unos recipientes aptos para horno. Cortaremos las frutas en daditos y las mezclaremos con la preparación. Sobre el conjunto espolvorearemos el azúcar sobre cada uno de los recipientes de manera que quede bien repartido por la superficie de cada uno.

Con el horno preparado para gratinar introduciremos los recipientes un par de minutos, hasta que el azúcar haya adquirido un color tostado y costroso. Dejaremos atemperar a temperatura ambiente y tomaremos una decisión. Servir templado o introducir un par de horas en el frigo. Ésta suele ser nuestra opción.

Presentación más cuidada para sibaritas


La originalidad de un postre tan clásico la logramos no sólo con los tropezones de fruta, sino con la idea de no endulzar el arroz, sustituyendo el azucarado tradicional por una costra crujiente, para que cada comensal decida la cantidad de caramelo que debe acompañar a cada cucharada.

Presentación vanguardista para modernos


Yo maté a Donald (Inicio de un relato negro que en nada debe parecerse a la realidad….digo)

Aquel plan no tenía fisuras, pensaba Abdulá mientras ponía el cazo de leche a calentar sobre el fuego. De hecho, todo en su vida se había desarrollado según lo programado en alguno de sus planes. Era difícil para un joven saharaui dejar que la suerte dirigiera su destino. Desde pequeño aprendió a plantearse objetivos reales que fue cumpliendo uno tras otro hasta llegar donde estaba. Terminar la primaria en los campamentos argelinos como alumno destacado fue una de sus primeras metas. Mirando como comenzaba a burbujear la leche formando una capa de nata en la superficie, se vio ordeñando las dos cabras que criaban en la jaima. Recitaba las tablas de multiplicar a cada apretón de las ubres. Resultaba un niño extraño para todos, pues sustituía los juegos infantiles por otras ocupaciones que extrañaban a propios y a extraños. Pasaba Abdulá largas tardes sentado cerca del grupo de hombres que se reunía en torno a una mesa de té, escuchando sus conversaciones sobre tiempos pasados y esperanzas futuras. Así fue como aprendió a esquivar desde niño los envites del presente. Con los años se dio cuenta de que aquellas conversaciones siempre terminaban en nada y que no podían aportarle nada nuevo a su carácter, así que cada vez con más frecuencia fue sustituyendo las horas de menta y azúcar por otras mucho más placenteras. Sin alejarse mucho de la colorida melfa de su madre, se introdujo discretamente y de manera gradual en el lugar donde verdaderamente aprendió a conocerse a sí mismo: la cocina. Desde por la mañana las cocinas saharauis tenían una vida ajetreada y divertida. Frente al ritmo lento y monótono de las reuniones de los hombres del barrio, las casetas que hacían de alacena y cocina parecían siempre un lugar festivo. Cualquier cosa podía suceder. Las visitas inesperadas a cualquier hora, las conversaciones picaronas y los chismes eran habituales en aquel lugar. El precio a pagar por aquella licencia era caro, pero valía la pena. Las mujeres aceptaron de buen grado su compañía, pero a cambio una serie de arduas tareas  pasaron a formar parte de su quehacer diario. Acudir al mercado a por las compras de su casa y de todas las de las vecinas. Era cansado hacer de repartidor, pero la satisfacción que le dio intimar con toda suerte de vendedores y comerciantes le compensó el cansancio. La tarea más dura era ir a por agua a la fuente. Tras dos kilómetros de camino bajo el sol y la cotidiana pelea por el sitio en la larga cola, le tocaba regresar cargado con varias garrafas. Hoy reconocía como un privilegio el hecho de haber sido aceptado en aquel círculo femenino, pues ahí aprendió los asuntos importantes de la vida y extrajo una enseñanza que dirigió sus pasos hasta entonces. En la vida todo es relativo menos el presente. El pasado no era muy útil y el futuro solo generaba frustración. El mundo masculino se aferraba a ellos ignorando el único lugar donde se podía hallar algún momento de felicidad: el presente. Era allí donde encontró el mundo femenino, la preocupación por la comida, la ropa, lo cotidiano, la salud. Mundos ocultos para un niño que se le abrieron como un abanico ante sus grandes y oscuros ojos. Abdulá apuró el vaso de leche tibia tremendamente azucarada que le trajo a la mente a su madre obligándole a beberse uno parecido cada noche, para apaciguar los malos pensamientos y atraer los sueños infantiles.

Campamento saharaui en el desierto argelino


Donald, sabedor de que todo el mundo estaba esperando en posición de firmes bajo la escalinata del avión, se resistió unos minutos sentado en su sillón antes de bajar. Entregó su maletín y su portátil a uno de sus ayudantes y con gesto cansado se enderezó. En los últimos años le costaba erguir la espalda, se reconocía en la imagen que conservaba de su padre. Tras una larga carrera como piloto vino un retiro profesional que coincidió con una decadencia física notable. La enorme musculatura del militar se tornó pronto en grandes pellejos que colgaban de sus brazos y piernas, la vista necesitó de repente la ayuda de unos gruesos lentes y la espalda se le fue inclinando hacia delante, ofreciendo la imagen de un anciano. La inactividad pasaba factura y últimamente veía cómo su cuerpo reflejaba el hecho de su pérdida de poder. Tras haber ocupado importantísimos cargos políticos en todos los gobiernos republicanos desde que el presidente Nixon lo ascendiera al parnaso político, le llegaban ahora unos años donde el nuevo presidente demócrata no solo le apartó del poder, aquello podía comprenderlo, sino que logró que una nube de ostracismo se cerniese sobre él. Le señaló como uno de los culpables de la situación de crisis actual y logró que hasta sus más fieles correligionarios le diesen la espalda.

Abdulá se relacionaba con toda clase de comerciantes...

Olimpo del poder, el corazón de la bestia


Al asomarse por la puerta de la escalerilla el sol cegó sus ojos. Conocía el sol español, pero en Madrid no brillaba como en el Mediterráneo. Ante la escalera y con una larga fila de personalidades esperando su descenso vino un reflejo del pasado a su mente. Últimamente aquel recuerdo se repetía con demasiada frecuencia. Se vio saliendo a la calle desde el Aula Magna de Princeton en un día igualmente soleado. Era su graduación. Abajo esperaba serio su padre vestido con el uniforme de gala. Ninguno de los dos dijo nada durante la comida de celebración, pero ambos sabían que ese día comenzaba una nueva vida para Donald. Tuvo que elegir y lo hizo. Continuar con la vida libertina que se había permitido hasta entonces o virar hacia la carrera seria que le esperaba en el mundo de la política y los negocios. No era fácil la elección y no fue el ansia de poder y dinero lo que le hizo inclinarse por su brillante futura carrera. Las largas noches de estudio y sacrificio que había invertido en la Universidad le enseñaron que el orden y el cumplimiento del deber tenían su lado positivo. Tras unos años de dudas y miedos adolescentes, la rigidez del trabajo y la obediencia a unas normas incuestionables le apaciguaban el alma. Experiencias con el alcohol, las drogas, los escarceos con las chicas e incluso alguna muy satisfactoria relación con otros jovencitos, lejos de ofrecerle momentos de felicidad le atormentaban con sentimientos de culpa, de pecado y de inseguridad. No era el camino que quería. La disciplina impuesta en el hogar a base de severidad y austeridad, los honores académicos logrados con penurias y esfuerzo le daban por fin lo que anhelaba su espíritu, calma y serenidad. El saber en todo momento que se hace lo correcto sin cuestionarse su moralidad fue la cualidad que le hizo recorrer a gran velocidad el camino de ascenso al poder. Bajó las escaleras y con un rápido y marcial saludo ignoró a toda la plana mayor de dirigentes locales y de la embajada que alineados esperaban al magnate. Se introdujo en el blindado negro que esperaba al final de la alfombra roja y se sumió de nuevo en sus pensamientos.

Tomó una decisión en su juventud...
...el camino severo le alejó de la duda

miércoles, 6 de abril de 2011

Receta de Empanadillas de gin tónic Tachenko (Laika, Gagarin, Misha y Tachenko)

Receta de Empanadillas de gin tónic Tachenko (Laika, Gagarin, Misha y Tachenko)

Tachenko crea un sonido sorprendente

Receta de Empanadillas de gin tónic

Crujientes por fuera, ardientes por dentro


Ingredientes:

Para la masa:

400 gr de Harina Santa Rita especial para pizzas
Una cucharadita de sal
Media cucharada de levadura
Agua tibia

Para el relleno:

Dos cebollas
½ Kilo de lomo de cerdo picado muy fino a cuchillo
Ralladura de un limón
Una tónica fever tree
Una botella de ginebra Bombay Saphire
Aceite de Oliva Virgen Extra D.O. Bajo Aragón
Una mozzarela de búfala
Un huevo ecológico (opcional)
Perejil
Sal

Arte de caramelizar cebolla
Paciencia y cariño


Buen producto

Aromas sutiles

Combinación perfecta
La apariencia es importante


Elaboración:

En primer lugar nos dispondremos a elaborar la masa. Se trata de un proceso fácil si se respetan las cantidades correctas. Para ello, dispondremos la harina en forma de corona y añadiremos en el centro la sal y la levadura disuelta previamente en agua tibia. Amasaremos añadiendo agua hasta que la masa deje de presentar un aspecto grumoso y quede homogénea la. En ese momento la dejaremos reposar a temperatura ambiente cubierta por un trapo limpio hasta que duplique su tamaño. Tras este paso le toca trabajar al rodillo, pues nos interesa que la masa quede lo más fina posible. Con un molde circular (de 10 a 14 cm de diámetro estaría bien según preferencias. Nosotros las elegimos siempre más bien grandotas) extraeremos a modo de obleas la cantidad de empanadillas que vayamos a usar.

Con la masa esperando llegó la hora de la sartén, en la que calentaremos buena cantidad de aceite de oliva. Elegiremos una grande y ancha, pues nos interesa ir añadiendo los ingredientes en diferentes fases. Comenzaremos con la cebolla, que aunque nosotros cortamos en juliana porque nos gusta encontrarnos la cebolla al morder, lo lógico sería picarla de manera fina. Con fuego suave, destapada y salada para extraer mejor el agua, la cebolla irá oscureciéndose y extrayendo todos sus azúcares. Cuando corra peligro de oscurecerse demasiado introduciremos la carne picada. En ese momento subiremos la temperatura del fuego para que la carne adquiera pronto algo de crujiente. Es entonces la hora de la magia. Verteremos la botella de tónica, un generoso chorro de ginebra y la ralladura de limón. Mantendremos al fuego para que vaya reduciendo líquidos. La tónica perderá su carbono y buena cantidad de agua, además de ir transmitiendo azúcar (en esta marca es de caña, lujazo) y el toque de amargor que buscamos. La ginebra perderá alcohol (vaya pena) y transmitirá esencialmente el aroma. Aroma que será potenciado con el toque de la ralladura. ¿Magia, no?

Cuando haya desaparecido por reducción casi todo el líquido, terminaremos el relleno añadiendo el queso italiano y el perejil para que gane en cuerpo y vistosidad. Una vez integrado el queso, lo dejaremos reposar para atemperarlo antes de rellenar las empanadillas.

Con una cuchara dispondremos el relleno en el centro de cada empanadilla. Doblaremos las empanadillas sobre sí mismas y las sellaremos presionando los bordes con un tenedor. Así dejaremos esas muescas características que tanto nos gustan. Pondremos las empanadillas en una bandeja de horno sobre papel vegetal engrasado con aceite y enharinado. Opcionalmente batiremos el huevo ecológico y con un pincel de cocina pintaremos la superficie de las empanadillas para que se doren de manera más intensa y uniforme. Las introduciremos en el horno precalentado y a 200 grados las mantendremos unos 35 ó 40 minutos dependiendo del horno.

Insustituible

Se impone por derecho

Uno refresca, pero de ahí en adelante...


Nota de maridaje:

Nuestra afición al vino es conocida, pero por esta vez lo vamos a dejar de lado y vamos a caer en la reiteración. Vamos a prepararnos unos gin tónic bien hechos para refrescar el gaznate y rememorar el gustillo de las empanadillas. Para ello ofrecemos unas recomendaciones:

1-                 Generosidad con el hielo. Peces grandes preferibles
2-                 Nada de zumo de limón. Preferible la cáscara rallada porque no le hace perder fuerza carbónica a la tónica.
3-                 Las marcas de tónica y ginebra son las mismas propuestas para la receta. Tónica fever tree y ginebra azul Bombay Saphire
4-                 No abusar de la cantidad de ginebra. Siempre es preferible trajinarse unos cuantos ligeritos que uno demasiado alcoholizado que no nos permita refrescarnos
5-                 Como acompañamiento frutal evitaremos la cutre rajita de limón y la deleznable y novedosa porción de fresa. Preferimos dejarlo sin fruta o a lo sumo añadirle una rodajita de pepino bien tersa que intensifique el amargor del trago.

Justificación de la receta:

(Situación: noche de sábado, tras una pantagruélica cena, un grupo de viejos amigos se reúne para pasar al copercio en un céntrico local zaragozano con cierta reputación coctelera.)

Enfrentamientos viscerales

Firmeza ostentosa


Como personas muy cercanas (a veces demasiado) al mundo académico dentro del campo de la Historia, son demasiadas las veces en las que perdemos el Norte. Nacidos a principios de los setenta, nuestra infancia discurrió con un telón de fondo, el de Acero. Eran años de cawboys en la Casa Blanca, Damas de Hierro en 10 de Downing Street y faraónicos Miterrands en el Eliseo. Nos costó mucho aprender en el mapa la diferencia entre RFA y RDA con medio Berlín rodeado por un muro. Pero el mayor atractivo era la URSS. Las imágenes de aquella Plaza Roja nos cautivaban a toda la generación infantil. Un mundo tan distinto y tan cercano geográficamente. Tras los años de estudio y muchas lecturas entre pecho y espalda sobre aquellos años, nos encontramos el otro día hablando sobre el tema. Que si el oscuro Breznev por aquí, el majete Kruschev por allá, la traición de Stalin a Troski, la fe en la ideología de Lenin y todos los grandes personajes de su historia. Ya, tras unos vodkas en su honor, pasamos a temas de más enjundia, la geopolítica estratégica.  La cuestión era lanzar la teoría más elocuente sobre las causas del derrumbe de su sistema. El alcohol enturbiaba mentes y lenguas, pero por fin alguien rompió la aburrida dinámica.



-Total, ¿Qué más da? Si de esos no se va a acordar nadie- se hizo un silencio sepulcral, y todos pudimos ver cómo una sonrisa se dibujaba en su ya desencajado gesto. -¿Sabéis quién realmente quedará para la posteridad?- La sonrisa se tornó carcajada –La perrita Laika- (http://es.wikipedia.org/wiki/Laika)

Un halo de recuerdos nos rodeó a todo el grupo sin excepción. Aquella perrita irrumpió en la noche y, con sólo su mención, nos apartó de elucubraciones insulsas y estériles, y nos llevó unas décadas atrás, recordando nuestros casi olvidados iconos de niñez. Tirando de archivo mental, los grandes dirigentes soviéticos fueron sustituidos por cuatro seres de verdadera enjundia. ¿Quiénes representaban a la verdadera URSS para quien vivió la época desde los ojos de un chaval? No hubo discusión, la tetrarquía estaba clara, la perrita Laika estaba allí por merecimiento propio, ya que le fue la vida en la aventura, pero no se quedaba atrás el cosmonauta Yuri Gagarin (http://es.wikipedia.org/wiki/Yuri_Gagarin). Aquí tengo yo especial debilidad, porque recuerdo que era mi preferido frente a los americanos, en especial a ese Amgstrong triunfador y mediático. Todos se pedían ser él en nuestros juegos vespertinos, pero yo me hacía el interesante al pedirme a Gagarin. Ni que decir tiene que ellos eran astronautas, pero yo era algo más, nada menos que cosmonauta. El tercer icono en nuestro imaginario se llevó el premio a lo entrañable. La inigualada mascota de los JJOO de Moscú 80, el osito Misha (. Por último, y con el mismo consenso, coronamos a golpe de Eristoff al gigante, Tachenko el grande. Con sus rojas camisetas, bien del CSKA de Moscú, bien de la selección soviética con su CCCP a la espalda, nos impresionaba hasta límites obsesivos.

Ternuuuuuura


Salió, como es lógico, a relucir todo su anecdotario. El tapón de la final en la Copa del Mundo de Colombia de 1983 venciendo a unos estadounidenses liderados por el Oso Pinote; su rivalidad deportiva con el otro gran gigante del momento, el joven lituano Ardidas Sabonis; y por supuesto el monumental golpe en la cabeza con el que nuestro bonachón gigante tumbo al maligno heleno Yannakis (http://www.youtube.com/watch?v=iUMNKUU15V4). Pero ninguna de esas acciones nos pareció tan relevante como un hecho evidente. Feo, desgarbado, lento y sobre todo soviético, lo tenía todo para ser objeto de mofa por parte de la afición española, ya por entonces deslumbrada por la publicitaria NBA. Sin campañas publicitarias, sin sponsor poderoso, el gigante nunca trató de vendernos bebidas carbónicas, zapatillas, ni natillas para la merienda. No nos invitaba a comer en ninguna hamburguesería ni apareció en ninguna película hollywoodiense. Nos encandiló a golpe de humanidad. Le podía el corazón de bonachón. Espíritu deportivo, desmintió a golpe de tapones y encestes el mito del soviético frío y oscuro. Y todavía tantos años después simboliza, para toda una generación de recién democratizados españolitos, valores que sobrepasan el mundo de la geopolítica, y que en ocasiones definen mejor el espíritu de una época que la historia oficial.

Héroes de infancia


La generación de nuestros padres recibió una educación de papel. Las lecturas de libros se sucedían en mayor o menor medida, así como podemos afirmar que la generación de nuestros hijos lo hace desde la pantalla de un ordenador. Se trata de una teoría de un buen amigo calagurritano. No es que nos sean ajenas las bibliotecas ni los discos duros, pero nuestro bagaje cultural no se fundamentó en base a ellos. Se trata la nuestra, de una generación educada a través de las 625 líneas de una televisión. Sentados frente a ella pudimos entender lo que significaba un mundo bipolar. Tuvimos la ocasión de comparar la sobriedad y el origen callejero de Laika frente a los superstar Lazy, Rex o la misma mona Chita; al entorno mediático de los astronautas de la NASA con el toque rancio que lanzó a Gagarin a dar vueltas al planeta; al candor y panolismo de Misha (Vease: De un país lejano llegó una carta para ti, si la mueves suena igual que la felicidad…) (http://www.youtube.com/watch?v=d2j-psauJZk) frente a los simpáticos y acomodados Mickey o Bugs Bunny; y por fin se nos dio a elegir entre el atractivo luminotécnico de las estrellas de la NBA y el valor del esfuerzo representado por los países del Este.

Líderes en valores


Cambiando de tercio, observamos que en el panorama cultural actual es difícil que surja una iniciativa que sorprenda. No queremos decir que no haya calidad, todo lo contrario. Se han pulido las técnicas artísticas. Los medios de los que disponen los creadores son cada vez más asequibles y rápidos. El público está más preparado y es más receptivo. Y las obras resultantes llegan a ser de una calidad incuestionable. Pero pese a lo que acabamos de sentenciar hay una faceta en la que el mundo de la creación no brilla hoy con profusión, y esa es la capacidad de sorprender.

Músicos de calidad abundan como en ninguna otra época en nuestra tierra, pero la sorpresa no parece ser un elemento esencial para ellos. Todo suena a algo ya hecho. Muchas veces supera lo anterior y de resultado muy plausible, pero adolecen de una buena dosis de originalidad. La irrupción en el panorama musical aragonés con proyección nacional de grupos tan distintos entre sí como Más Birras, Tako o Héroes del Silencio no es algo de lo que hoy podamos hacer gala como aragoneses. Pero como en toda sentencia generalizadora hay excepciones. Si los anteriormente citados, además de por su calidad incuestionable, destacaron por crear sonidos nuevos, hay hoy un caso destacable en nuestro panorama. El sonido y las letras de los Tachenko enganchan, sugieren, alegran, emocionan y divierten, pero sobre todo refrescan. Refrescan las ideas cuando nos encontramos sumidos en la rutina, refrescan el ánimo cuando un árbol insignificante no nos deja ver lo bello del bosque, refrescan la esperanza cuando creemos ver un muro al final del callejón y refrescan la memoria de un tiempo en el que la sorpresa podía asaltarte a la vuelta de cualquier esquina.



Somos los mismos que alucinamos con Laika y Gagarin, que nos enganchamos a la candidez de Misha, que aguantábamos la respiración cuando el gigante recibía un balón de espaldas al aro, que descubrimos nuevos horizontes con nuestros vecinos músicos. Somos los mismos que esperamos mucho del futuro. Tachenko es una evidencia de que vale la pena seguir con curiosidad lo que nos puede ofrecer la vida. En este caso una combinación perfecta: un sonido con muchas influencias y a la vez tremendamente original, y unas letras abiertas a la interpretación de cada cual según sea el momento de imaginarlas, crean unas imágenes a modo de postales. Postales que guardamos en el álbum para usarlas como medicinas, como remedios para sobrevivir cuando el monstruo acecha.

Son los nuestros
Va por ellos, a vuestra salud, maestros


Ver la historia y discografía del grupo en http://es.wikipedia.org/wiki/Tachenko

Nuestra canción medicina en http://www.youtube.com/watch?v=b3P0ErlkJlk

¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya?
Me juego la vida, ¿y qué?, ya es algo normal.

Hay días que voy hacia el huracán,
lo creas o no he oído tu voz sobre las demás.

Y no hay nada más
que pueda tranquilizarme igual.

¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya?
Es todo tan lógico, tan occidental.

Pero yo te quiero a morir, te quiero a rabiar,
hay cosas que ni siquiera se pueden imaginar.

Y no hay nada más
que pueda tranquilizarme...

Hay días que voy hacia el huracán,
lo creas o no he oído tu voz sobre las demás.

Y no hay nada más
que pueda tranquilizarme igual.

Pero yo te quiero a morir, te quiero a rabiar,
hay cosas que ni siquiera se pueden imaginar.

Y no hay nada más
que pueda tranquilizarme igual,
que pueda tranquilizarme igual,
que pueda tranquilizarme igual.

¿Quién no tiene días que va de cabeza
hacia el huracán?
Ellos se lo pierden

domingo, 3 de abril de 2011

Receta de Peceto aragonés al vino blanco (Redondo a los Más Birras)

Receta de Peceto aragonés al vino blanco (Redondo a los Más Birras)

Rosadito por el interior es su punto óptimo


Receta de Peceto aragonés al vino blanco

Ingredientes

Un redondo de ternera
Aceite de Oliva Virgen Extra D.O. Bajo Aragón
2 hojas de laurel
6 dientes de ajo
4 cebollas dulces de Fuentes de Ebro
2 puerros
Cuatro cayenas secas
Una cucharada de tomillo monegrino
Una botella de vino blanco Corona de Aragón
Sal y pimienta al gusto


El trabajo bien hecho se reconoce
Presente en todas las barras decentes de la ciudad

Y éstas en todas nuestras despensas

Aromas a monegrinas estepas


Elaboración

Prepararemos en un cuenco un sabroso aliño con el que ir pincelando el redondo durante el asado. Mezclaremos un vasito de aceite, el zumo de un limón y un majado bien integrado de ajo, tomillo y laurel.

En una sartén grande iremos pochando las cebollas, los puerros y las cayenas. Cuando tengamos las verduras en el punto añadiremos buena cantidad de vino y lo dejaremos reducir quince minutos al fuego.

Hora de que el horno trabaje. Entre 180º y 200º, según el horno, debería bastar con tres cuartos de hora por kilo de carne para que quedase en su punto. Introduciremos la carne, previamente sellada en una sartén con aceite a fuego muy fuerte, para evitar que pierda los jugos durante el asado. Debemos poner atención en ir remojando con el jugo que tenemos preparado el redondo. Cada vez que hagamos el proceso le daremos la vuelta a la pieza. Faltando cinco minutos para terminar subiremos a tope la temperatura del horno para intentar que quede dorado por fuera.

Cuando la carne esté en su punto introduciremos las verduras pochadas en la bandeja de horno con el fin de que empapen todos los jugos expulsados y se impregnen del aceite y el limón que habremos vertido durante el cocinado.

Serviremos la carne en finas lonchas sobre las que dispondremos su ración de verduras y jugo. Si el punto de asado ha sido el correcto, el interior quedará algo rosado. Es lo idóneo, pues el peligro de esta receta es que la carne se reseque y adquiera textura de suela de zapato. En este caso el perro del vecino será un comensal de lujo para la ocasión.


Corte bello y honesto

Fileteado con esmero

Justificación de la receta:

Tres veces en una semana me han invadido unas letras. Tres batallas en las que decidí una dulce rendición. Se tratan de unos versos. Los de una canción redonda. Y digo redonda no por el aspecto musical compositivo, que también tiene lo suyo, sino por su sentido. No explica nada. Ningún detalle. Es de las que cada vez que la escuchas transmite un mensaje distinto. Arte de magia. Versos sabios que te observan, te analizan, te interrogan, buscan lo que necesitas y al final te ofrecen una salida. Los autores de tal fechoría, como si de viejos druidas se tratase, cocinaron hace ya más de un cuarto de siglo el conjuro. El maestro Mauricio Aznar, junto a Gabriel Sopeña moldean un borrador original escrito por Paco Calero El Conseller. Interpretada con alma roquera por Más Birras, en su versión menos fresca pero más espiritual por Enrique Bumbury (con o sin Héroes del Silencio), e incluso en tono sweet-latin-ligth por Enriquito Iglesias. Apuesta por el Rock´n´roll lleva por título. Se deduce, como nos explica Javier Aguirre, que se trata de una road movie. Un camino hacia algún lugar. Y ahí entra la magia del tema. El destino al que te dirigen esas condenadas letras cambia según las necesidades del momento. Las mismas líneas te levantan de la cama los días negros, te echan a la calle en momentos de bajón o te centran en los de desvarío, te equilibran en la demencia y te alteran las rutinas. En mi caso, y repito que por tres veces esta semana, me han asaltado hasta convertirse en la banda sonora de esta parte de mi vida. Comienzo el día silbándola sin darme cuenta entre las primeras caladas y tragos de café, y lo termino ronroneando su cíclico estribillo acompañando a la última onza de chocolate nocturno.


Genio nunca suficientemente valorado


Paseo en su barrio de Casablanca

La receta ha sido elegida en homenaje evidente a nuestro Mauricio Aznar. Por valiente, por aragonés, por argentino, por mestizo… Se trata de un corte de vacuno, aquí en España el equivalente al peceto argentino es el "redondo" y en Francia un corte muy similar es la "noix de veau".

No future

La primera vez que me asaltó la letra lo hizo un lunes. Dos versos se repetían en mi mente con aires premonitorios.

Y si quieres que te diga qué hay que hacer
Te diré que apuestes por mi derrota

Bella página de nuesra historia
Una generación nos rendimos ante su ritmo


Hay facetas de la vida en las que algunos hemos nacido con el partido perdido. Amañado de antemano, sabemos el resultado. En mi caso una de estas facetas es la total, completa y consciente falta de espíritu competitivo. Pertenezco a esa casta para los que la derrota no tiene ninguna consideración negativa. La aceptamos como viene. No sólo asumimos el Fatum clásico, como destino inevitable contra el que nada se puede hacer por mucho que se luche; sino que nos vamos de cañas con él. Conocer las limitaciones de cada uno ayuda, pero no desde el espíritu de la resignación, sino todo lo contrario. Lucharemos contra ellas, como si diésemos cabezazos contra un muro. La importancia de los actos no reside en la victoria, sino en la lucha. Si se va a fracasar en algo, mejor que sea en buena compañía y por la puerta grande.

El mostruo

A mitad de semana otros dos nuevos versos me ayudaron a salir de una nebulosa mental. Un momento de esos en los que pierdes la esperanza en el ser humano.

Larguémonos, chica hacia el mar
No hay amanecer en esta ciudad

Aportaremos con valor nuestro granito


Vaya dosis de crudeza nos aportan estas líneas. Dos símbolos de la tradicional oposición entre el bien y el mal, entre la realidad y los sueños, entre lo posible y lo anhelado, entre el hoy y el mañana. Habitamos en una ciudad llena de ruido y aburrimiento. La basura se nos acumula en las aceras y la única luz que guía los pasos emana de unas oxidadas farolas que apenas proyectan una penumbra. Ante este panorama, del que sabemos que no vamos a salir, los corazones valientes se rebelan. El monstruo invencible organiza un mundo feo y descolorido, pero frente a su obra putrefacta oponemos nuestros sueños de libertad. Los que hundimos nuestras raíces en el estepario interior sabemos muy bien que esos sueños residen en un lugar concreto: el mar. El horizonte  infinito rompe las barreras de la rutina. Cada ola barre y limpia con espuma blanca los tiránicos envites de la bestia. Cada golpe de resaca nos atrae,  impidiéndonos olvidar que otro mundo mejor existe y que debemos luchar por aportar algo bueno. Despertar un día, montarse en la moto y llegar hasta la costa. Observar cómo sube la marea y rascar del bolsillo de los vaqueros el polvo que nos atenaza. Apretarlo con el puño y convertirlo en granitos de arena que arrojaremos en la playa. Debemos dejar algo bueno. Construir nuevos paisajes que asedien a la ciudad. Vencer a la bestia con un golpe de muerte. De muerte por envidia.

Esperanza

Ya en pleno fin de semana el estribillo final de la canción me provocó un subidón de dimensiones cósmicas. No sólo brillaba la esperanza, sino que se mostraba clara la solución al problema, el arma de combate.

Late el corazón

Ritmo de corazón y guitarra


No es un verso. Ni siquiera forma parte de la propia canción. En una interminable repetición nos la concluye resumiendo en tres palabras el sentido profundo. Como si de una plegaria se tratase nos regala la clave. El manual de funcionamiento del individuo. Si los versos anteriores nos iban evocando imágenes y sentimientos encadenados y mágicos;  este remate nos desvela el conjuro, la piedra filosofal con la que enfrentarse al sufrimiento. El enemigo poderoso nos asfixia, pero nosotros tenemos el remedio.

Frente a la tiranía del monstruo
Late el corazón
Frente al puchero vacío
Late el corazón
Frente al ocaso sangrante
Late el corazón
Frente a unos ojos tristes
Late el corazón
Frente a una nube de certezas
Late el corazón
Frente al ave rapiñera
Late el corazón
Frente a los deberes sin hacer
Late el corazón
Frente a las orlas insignes
Late el corazón
Frente a una merienda sin chocolate
Late el corazón
Frente a una escuela vacía
Late el corazón
Frente a un niño sin escuela
Late el corazón
Frente a una cigüeña estéril
Late el corazón

Distintas versiones:

Más birras: <iframe title="YouTube video player" width="640" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/CBO8TlZoVyQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

Héroes del Silencio: <iframe title="YouTube video player" width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/9jiUPeJ3_4Q" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

Enrique Bumbury: <iframe title="YouTube video player" width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/Np8go45aW14" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

Gabriel Sopeña: <iframe title="YouTube video player" width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/D6kaCElVtqk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

Bumbury y Sopeña: <iframe title="YouTube video player" width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/pOaSDzzr6Yg" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

Loquillo: <iframe title="YouTube video player" width="480" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/01xs9PZZa6A" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>

 
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