viernes, 5 de noviembre de 2010

María Domínguez: fusilamiento de la primera alcaldesa de España

Memoria Histórica: María Domínguez Remón



Aunque temidos y esperados, aquellos golpes en la puerta en mitad de la noche estremecieron a María. Sentada en la mesa de la cocina, envuelta en una manta, pues las últimas brasas de la cocinilla se habían apagado hacía horas, esperaba aquella visita nocturna. Aquel septiembre fue frío y las nieblas recorrían la comarca retrasando la vendimia con la esperanza de que el sol apareciese y disipase las brumas.El resto de los habitantes de la casa se habían acostado tras la cena, una clarísima sopa de cebolla y pan, que sería lo último que la exalcaldesa de Gallur se llevaría a la boca.


Localidad que vió nacer a María
Fuendejalón: la que le vió morir
Tabuenca: asesinato de su marido Arturo

- Al menos está caliente- fueron las únicas palabras que su hermana pronunció durante la cena, a modo de innecesaria excusa por la pobreza de la mesa, antaño repleta de embutidos y frutas que hacían las delicias de los visitantes.

Algo en su interior le señaló que ésa sería la noche elegida por las partidas que recorrían los pueblos para ajustar cuentas en el pueblo. Lo único que sintió fue la pena de tener que morir fuera de su Pozuelo de Aragón natal, o del propio Gallur, cuyo Consistorio dirigió durante unos meses. Arrojando la manta al suelo se precipitó a abrir la puerta para evitar que aquellos golpes en la puerta despertasen a los familiares que la acogían con caridad y duelo prematuro ante lo que todos sabían que iba a ocurrir. A su segundo marido, Arturo Romanos, ya lo habían fusilado unos días antes en la localidad cercana de Tabuenca. Ahora le tocaba a ella el turno de la venganza.

Hombres del Gallur de 1936


El motor de la camioneta seguía en marcha, pues no tenían previsto demorarse demasiado en detener a una mujer de cincuenta y cinco años que seguro no pondría resistencia. Un gesto amenazador en los labios y una indicación con la cabeza hicieron comprender a María que debía subir a la parte de atrás del vehículo. Había allí tres rostros conocidos de la zona, todos de varones que dirigían la mirada al suelo, como buscando en él una salida al ambiente macabro que reinaba aquella madrugada en la zaragozana localidad de Fuendejalón.

Imagen de Gallur a principios del siglo XX


Dicen que en los instantes anteriores a la muerte pasa por la mente a modo de selectivo resumen los momentos importantes de la vida. Si esto es cierto, María verá aparecer su infancia. Era la segunda y última hija de una modesta familia campesina. Como todos los niños del pueblo, trabajó pronto, vendimiando, espigando, arrancando trigo o cebada, cualquier labor que ayudase a la economía familiar. No obstante, se escapaba cuando podía a leer, recibiendo críticas de su madre por hacer cosas “poco femeninas”. Así pasó la juventud, hasta que sus padres le concertaron un matrimonio que mejorara la situación económica familiar, algo habitual por aquel entonces. Si su infancia no se distinguió por la abundancia de momentos felices, debido a las necesidades que sufrían las familias campesinas y al propio espíritu inquieto de María, que se ahogaba una y otra vez en la incomprensión de aquella sociedad atrasada; menos lo fue su repentino salto a la vida adulta, sin transición desde la infancia. De niña sometida a la autoridad de los padres se vio forzada a convertirse en esposa sometida a la del marido. Lo curioso es que los años de malos tratos y vejaciones a las que fue sometida en los tiempos de su primer matrimonio, se difuminaban en su recuerdo como una zona oscura que la memoria se esforzaba por olvidar. No iba a darle la satisfacción a su primer marido, Bonifacio de ocupar los últimos instantes de su vida como ocupó aquellos años de horror. Prefirió ver desfilar los momentos alegres y de complicidad disfrutados junto a Arturo, su segundo marido. Éste sí que fue elegido por ella como compañero. Compartían preocupaciones e ideología, y entre sueños de un mundo nuevo y mejor que debían ayudar a construir, discurrieron años de lo que ahora sentía como felicidad.
- No hay mal que por bien no venga- pensó en el interior de la camioneta. Los siete años de la pesadilla de su primer matrimonio, transcurridos en un escondido valle navarro, ejerciendo de maestra sin título, estudiando con esfuerzo sobrehumano en Pamplona y llevando el peso de la casa, le empujaron a la única salida que encontró en ese momento, la huida. A pie y sin apenas equipaje, la joven escapó a la enorme ciudad de Barcelona. Esta circunstancia le permitió establecer relaciones y entrar en contacto con ideas contestatarias contra la sociedad opresora imperante. Sin otra formación que la autodidacta se introdujo en el ambiente político y cultural del momento, llegando a ser una de las firmas femeninas con más reputación en la época. El País y el Ideal de Aragón fueron, entre otras, las publicaciones que recogieron sus pensamientos. Todavía recordaba con satisfacción cuando veía sus palabras publicadas y firmadas junto a otras tan reputadas como las de Clara Campoamor o la propia Concha Espina.
Pese a lo que habitualmente se piensa de que la mayor aspiración del ser humano es la voluntad de poder, no fueron especialmente placenteros los momentos en los que lo ejerció. Ostentaba la circunstancia de haber sido nada menos que la primera alcaldesa de España. Cargo del todo ajeno a la condición femenina hasta el momento. En 1932 la localidad de Gallur estaba en crisis, eran tiempos malos para la economía. La dictadura y la situación de crisis económica mundial afectaba a todos, pero como siempre era la gente humilde la que más la sufría. El gobernador civil de Zaragoza, consciente del peso adquirido por aquella mujer, llamó a María para presidir la comisión gestora que debía sustituir a la corporación municipal. Ella dudó, no tenía el respaldo de todos sus compañeros socialistas. No obstante, el 28 de julio de 1932 asumió el mandato, con el objetivo puesto en la educación que a ella se le había privado. María creía que la instrucción era el medio para reformar y modernizar la sociedad, por lo que buscó un lugar digno donde los niños pudieran formarse. El 6 de febrero de 1933 tuvo que dimitir por una ley aprobada en el Congreso que sustituía las comisiones gestoras creadas con carácter transitorio. Se marchó satisfecha de su labor, pero desilusionada y cansada de tanta censura a sus desvelos por el municipio. Dos enseñanzas extrajo de su pionera experiencia. La primera era la constatación de la inmadurez democrática que existía en la sociedad española de la II República, incluso entre sus correligionarios socialistas, y el largo camino que debería recorrerse para acabar con las desigualdades de clase y de género. La otra se materializaba en aquella camioneta destartalada que le conducía hacia la muerte. La resistencia de los grupos hasta entonces dirigentes. Gentes que habían monopolizado el poder durante siglos. Antes como nobles estamentos, entonces como clase propietaria y siempre legitimados por una Iglesia amante de privilegios y distinciones que la alejaba del mensaje cristiano al mismo ritmo que ampliaba su poder terrenal. Veía la acusación de intrusa en sus miradas. Carnívoros al acecho esperando el momento en el que se diera vuelta a la tortilla. La venganza llegará, podía leer en sus ojos. Y ese era el momento. Debía pagar por su osadía.
Una mujer con tres enormes pecados en su haber: intelectual y pensadora, irrespetuosa e inconformista con los valores familiares tradicionales y activista política en defensa de los más desprotegidos. Debía pagar por su osadía.

Fusilados en Badajoz en escena similar a la vivida por nuestra protagonista



Todo ocurrió demasiado rápido. Los bajaron a trompicones de la camioneta cuando llegaron a la encalada tapia del cementerio. Ninguno de los cuatro perdió los nervios ni se vivió ninguna escena de pánico. La resignación reinaba en el ambiente. El alba llegaba y ese era el momento elegido para la muerte. Los disparos resonaron por las calles del pueblo con un eco que ya se hacía demasiado habitual en aquellos días. Primero el sordo y grave de los fusiles y después los agudos y metálicos de pistolas que remataban con el tiro de gracia. Un único chillido ahogado se escuchó en el frío amanecer. Salía de la misma casa donde María se resguardo en su espera final. La mano cálida pero firme de su cuñado cubrió la boca de la hermana con fuerza y cariño. Ni tan siquiera pudieron lamentar las muertes de la familia. Disimular un duelo por temor y vergüenza era común entonces. Debe ser responsabilidad nuestra que ese lamento se libere. Nuestra sociedad tiene la obligación de dar a todos la posibilidad de llorar o recordar a sus muertos. Y en este caso concreto, por la defensa de valores como la democracia, la igualdad social y por encima de todo la libertad, la muerte de María Domínguez Remón nos pertenece a todos. Y su recuerdo también.


Organizaciones que exigen el cumplimiento de los Derechos Humanos


Personas que hacen lo propio desde sus respectivas profesiones

Inauguración del memorial por los fusilados en Zaragoza.
Falta mucho camino por recorrer todavía


Personalmente creo que es nuestra obligación moral con los silencios del pasado el recuerdo de los horrores silenciados; el apoyo a organizaciones que luchan hoy contra las mismas injusticias (Amnistía Internacional lidera acciones concretas contra casos de sangrantes violaciones de derechos); así como la apuesta por legislaciones y actuaciones judiciales que favorezcan la recuperación de la memoria histórica y hagan posible que el mundo pueda ejercitar uno de los derechos más vulnerados a lo largo de los tiempo, el del recuerdo.


Su desvelo por la educación se reconoce en el nombre actual del colegio público
Su cuerpo descansa bajo un frondoso árbol en el Cementerio de Fuendejalón


Gracias María y descansa en paz
Cisco Cerrada

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cisco va a por setas a Bailo (Huesca)

Cisco va a por setas (Jornadas Micológicas en Bailo)

Cestas de setas que se echarán de menos fuera de temporada


Como todos los años al apagarse los últimos ecos de las Fiestas del Pilar, nuestras mesas y fogones se llenan de unas compañeras sabrosas y coloristas: las setas. Invitadas en mesas humildes y en los comedores de más alta alcurnia, disfrutadas por igual por gentes de todas las lenguas, creencias y niveles culturales. Hasta el momento mi relación con ellas no pasaba de acudir fielmente al Mercado Central, elegir las más tersas y lozanas, pagarlas y al asador, simplemente impregnadas sutilmente con ajoleo y sazonadas con unas escamitas de sal. La grata novedad de este año, mi participación en unas Jornadas Micológicas, me ha despertado a un desconocido mundo de una riqueza impensable. Andaba yo algo mosca con la geografía aragonesa y necesitaba viajar a una zona que ocupaba una laguna en mi mente. Hasta el momento, las tierras situadas en el Norte de las Cinco Villas y al Sur de San Juan de la Peña representaban en mi imaginario una zona negra y borrosa que necesitaba rellenar. La excusa era perfecta, unos buenos amigos a quienes debía una visita a su pueblo, fin de semana setero con muestras y catas gastronómicas, necesidad de abandonar problemas cotidianos y la buena compañía de mi amigo el exfotógrafo Bolilla hacían presagiar un éxito rotundo a la misión. Falso, erróneo, catalogar lo que vivimos allí como éxito minimiza lo vivido. Memorable, impredecible y lleno de momentos ya legendarios para nosotros, el puente de Todos los Santos del 2010 siempre ocupará un lugar privilegiado en nuestra memoria.

Bailo (Huesca)


Longás (Zaragoza)
Villanúa (Huesca)








El viaje comenzó el viernes, a la salida del ensayo de bandurria que vengo realizando junto a mi compañero Bolilla. Sin ninguna pereza y a las nueve de la noche agarramos el vehículo que nos prestó Romi la del bar. El Bolilla no es lo que se puede catalogar como un buen conductor, pero fue un viaje sin prisa, sin mucho tráfico y amenizado con buena música cupletera que mi amigo adora. Ay pena, penita, pena y Cocidito Madrileño se sucedían al ritmo de las curvas que crecían en intensidad conforme nos acercábamos al destino. Primero a Huesca por la Autovía, de allí a Ayerbe, pueblo que recorrimos con tristeza al ver cerradas por la hora sus dos hornos de pan junto a la carretera. La lluvia nos impidió divisar los Mallos de Siglos y decidimos no parar en El Jabalí, con pesar para el Bolilla, obsesionado con degustar la caza de la zona. Debíamos llegar pronto pues nuestros amigos nos esperaban para cenar en Bailo y la lluvia impedía pisar el acelerador. Nos pareció eterna la subida y bajada del último puerto, pues la lluvia arreció y ya casi no veíamos. Llegamos muy tarde a Bailo creyendo que el pueblo estaría desierto y con la perspectiva de que la cena que nos esperaba en uno de sus dos bares se habría cancelado por la tardanza.

Villa de Ayerbe

Merecidamente afamadas tortas de Ayerbe

Nada más lejos de la realidad. Lo que nos esperaba en Bailo era de lo más estimulante. Al entrar en el restaurante el ambiente prometía. Las Jornadas habían atraído a visitantes, que copaban una barra bien surtida. Una bonita chimenea calentaba a nuestros anfitriones que nos esperaban copa de vino en mano. La mesa estaba servida, y … sorpresa. Nada de raciones recalentadas ni precios abusivos asaltando al forastero. La cosa comenzó con una colorista ensalada tibia de brotes tiernos, gulas y vegetales de temporada. Cantidad honesta y un delicioso pan que bien humedecido en oscuro aceite de oliva abrió el apetito para lo que vendría después. Por ponerle un pero al asunto, el establecimiento carecía de un buen vino de cosechero de la zona y tuvimos que conformarnos con un Rioja medio bajo muy por debajo del resto de la cena. Un desfile de distintos tipos de montaditos se sucedía haciendo las delicias de unos hambrientos viajeros. Gambas, buen jamón, un sorprendente foie caramelizado con uvas blancas, incluso no faltaron unas tortillitas de camarón que nos evocaron el Puerto de Santa María en su versión oscense. Pero si la sorpresa no había sido suficiente llegó la hora del postre. Me aventuré casi sin esperanza a demandar algo con chocolate y lo que llegó en forma de ortodoxo Coulant y nata fresca lo guardaré con cariño en lugar privilegiado de mis recuerdos. Copas, buena conversación. Cuatro personas con necesidad de ponerse al día en sus vidas, un buen fuego, vino y gente divertida alrededor. Noche de ensueño que se alargó más de la cuenta.

Pan de Bailo
Sin comentarios mundanos
Horno artesano de Bailo en plena faena



Tortas originales de Ayerbe
Huele la manteca hasta en la pantalla
A la mañana siguiente las sorpresas continuaron. Los dos invitados se disponen ante el desayuno. Son de tostadas de recién hechas con aceite acompañadas de café con leche caliente a rabiar. Así que el panorama que les presentaron no era muy alentador. El café con leche estaba, pero los anfitriones les ofrecen unas tortas de pueblo de aspecto tópico. Lo que su aspecto prometía era la habitual dureza y sequedad de la torta intragable de la que todo pueblo hace gala y en verdad no gusta a nadie. Dispuesto, por cortesía, a ablandarlas en el tazón para digerir aquel ladrillo me lleve uno de sus bordes a la boca. Experiencia mística que no cabe en un post. Evidentemente no era mantequilla, sorpresivamente tampoco aceite de oliva. La manteca de cerdo se fundía en la boca hasta casi resbalar por la comisura de los labios. La combinación de azúcar, harina y huevo era tan magistral que lograba una esponjosidad que su aspecto ocultaba. Cada bocado era a la vez un compendio de alegría por el goce presente y de tristeza y añoranza de pensar que en algún momento se acabaría. Quince centímetros de radio y casi tres de espesor. Los invitados se olvidan de hablar y se concentran en un gozo inesperado del que tardan en salir. Luego supieron que se trataban de unas tortas de Ayerbe muy demandadas en toda la zona. Se pueden adquirir en el primer horno de los que dan a la carretera, y aunque yo fui en un tiempo adicto a las tortas de calabaza del segundo, ya no podré pasar por allí sin adquirir una buena cantidad de tortas envueltas en un papel rústico, que no tardan en empapar de aceitosa manteca. Anfitriones dos, visitantes cero.

El botín


La convocatoria para comenzar la ruta de las setas era a las nueve en la Plaza del Ayuntamiento. La asociación cultural ACURBA que la organizaba mostró en todo momento su voluntad de que el foráneo se sintiese como en casa. Muy buena organización, mostrando la labor revitalizadora que están llevando en el pueblo. Tras reunirnos y dar las orientaciones oportunas nos dirigimos compartiendo vehículos a la pista forestal que une Bailó con Longás, pueblos vecinos que distando trece kilómetros no comparten historia, paisaje, comarca ni provincia. Dos mundos próximos pero alejados. Ambos bellos al visitante, pero ocultos entre sí. A mitad del camino el micólogo Escarpín dió las oportunas orientaciones y, con una magistral aproximación teórica al mundo de las setas y mucha pasión por su trabajo, nos hizo pasar unas horas maravillosas por el monte. No sobraba nada en aquel monte más que los cazadores malcarados que hacen pagar frustraciones personales con el asesinato de animales a balazo limpio.



Rincón de sabor medieval en Longás
A las dos del mediodía el grupo se despidió hasta la tarde para continuar con el programa. Nosotros aprovechamos para seguir la pista y llegar al bello e histórico pueblo de Longás, tan famoso por ser el más norteño de las Cinco Villas como por su sabiduría en la producción de la pez en el pasado. Pero no son esos los atributos que atraen la atención del visitante, sino la hospitalidad de sus gentes y la calidez de sus rincones. Nuestra amiga es la representante diplomática de Longás en Bailo, y quizá la única persona que conozca a fondo la especial relación entre tan cercanas, distintas y mal comunicadas poblaciones. Longás es un pueblo de menor tamaño, pero recuerda mucho mejor el sabor de la historia en sus callejas. La presencia de varios ríos hace del agua un elemento definitorio de la localidad, que inexplicablemente tiene hasta piscina, ahora en desuso por motivos de licencias y presupuestos. Acudimos a comer al único bar de la zona y de nuevo el asunto iba de sorpresas. El menú era corto, casero y elaborado con maña. Elegir entre alubias y paella de primero y entre lomo a la riojana y cordero asado con patatas de segundo no fue fácil. Todos acertamos pues la comida dejaba un regusto casero digno de mención. Hasta allí, y bien regado esta vez por un Somontano,  predecible. Lo impensable vino después, pues el postre del menú era casero y la lista fue recitada como una letanía, todo lo consabido: flan, natillas, helado, tarta de queso, fruta de temporada ….. y, ahora viene lo mejor: coulant casero con helado de nata. Parecía una broma del cielo. En un pueblo alejado de toda ruta gastronómica, y de toda ruta en general, puedo afirmar hoy sin temor a equivocarme, que se está haciendo el mejor coulant de chocolate de la Península Ibérica. Valdría la pana acercarse ahí sólo por dicha circunstancia. En este caso lo que llamaba la atención era lo contrario que el de la noche anterior en Bailo, su heterodoxia e innovación. Migoso y  poroso en su exterior frente a la rotundidad consistente del de Bailo. Mucho más azucarado pero sin pecar de empalagoso. El cacao era sin duda de mucha mejor calidad, y su amargor contagiaba a los afrutados sorbos de vino que apurábamos. Legendario, digno de manjar del Olimpo. De nuevo se imponía la contradicción de ambos mundos. Bailo y Longás, un postre exquisito en cada uno, pero con dos elaboraciones diametralmente opuestas.

Coulant de chocolate sorprendente en Longás


De regreso a Bailo los participantes de las jornadas entregamos los frutos recolectados durante la mañana a la organización que montó con habilidad una exposición catalogando las setas según fuesen comestibles, sin valor culinario, tóxicas y la categoría más llamativa: mortales. Todas las demás fueron distribuidas entre los dos bares del pueblo que participaron con la asociación, para crear con ellas unas tapas que se obsequiarían con cada consumición durante toda la noche. La cena estaba dispuesta, tapeo y vino de barra a barra para catar aquellas imaginativas creaciones. Lo cierto es que tanto nos gustaron las del primer establecimiento que nos demoramos demasiado para probar las del otro, pero con lo que pudimos saborear ya nos fue suficiente. La lista decía: Rebollón rebozado con allioli, rissotto de setas variadas, trompetillas con guiso de carne y revuelto de trompetillas y gulas al ajillo. No pudimos reprimirnos y, por presión del Bolilla, pedimos además unas croquetas de bacalao de elegante y sutil factura. Ni que decir tiene la hora y el estado en el que terminamos los cuatro. El ambiente crecía con el paso del tiempo. El local cambió de aspecto. De selecto restaurante de tapeo a garito nocturno no exento de escenas peculiares. Los nativos tardarán en olvidar la imagen de un Bolilla totalmente entregado al karaoke, con una botella de Bailey´s en una mano, el micrófono en otra, rendido al ritmo de Bisbal y chillando a pleno pulmón “ailofyu beibi, ailofyu beibi tunait”. Memorable. Día duro al que no queríamos poner fin.

Rebollón empanado con allioli 
Rissotto de setas variadas

Trompetillas con gulas al ajillo

Al despertar la mañana siguiente, la promesa de una nueva torta de Ayerbe era tan alentadora como el nuevo encuentro que programamos tener. Íbamos a conocer a dos habitantes de Bailo de reputación conocida. Los dos cerdos de negra piel que nuestros amigos llevan engordando toda la temporada. Pasan ya de cien kilitos los amigos, y como sabemos, falta un mes para San Martín. Da pena al verlos tan rollizos, pero en fin, todo sea por la longaniza. El paseo matutino por las calles del pueblo nos terminó de enamorar, calles estrechas en torno a una cuca iglesia gótica montañesa, tres pozos restaurados en otros tanto rincones llenos de sabor, y por fin, ante nosotros el reto: la panadería. No vaya a pensar el lector que se trata de una operación fácil el conseguir el afamado pan de Bailo, quizá el producto más valorado y reconocido de todo el valle. No es fácil por la secular costumbre de hacer sólo tres hornadas. A las nueve una entera para enviar a Jaca, a las once y a la una. Nosotros fuimos a la de las once y la operación es la que sigue. Una vez dentro de la pequeñísima tienda, el cliente es rápidamente catalogado: local (se queda sin pan), cazador (puede haber suerte) y forastero (te llevas el pan). Las razones para tal discriminación son insondables e inexplicables, fuera de toda lógica capitalista y mercantil. Nuestros amigos nos esperaron fuera escondidos, claro está, y pudimos hacernos con dos enormes panes, e incluso con una bolsa de magdalenas de las súper absorbentes, Dios mío como secaban la leche al día siguiente. Tras el reparto del pan vinieron las despedidas. Tristes, pero esperanzadoras al emplazarnos a nuevos encuentros. Ya llegará el momento en el que nos tendrán que echar del pueblo, pero por ahora prometemos convertirnos en asiduos a él. Quien no conozca al Bolilla y su tradicional lágrima fácil se emocionaría al ver la escena.

Se acerca San Martín pero nuestros nuevos amigos no lo saben


Tras discutir acaloradamente si volver a bajar a Ayerbe para adquirir una veintena de tortas continuamos el viaje a medio día del domingo. Imperó la cordura y mesura y se impuso el seguir hacia el norte. Pasamos San Juan de la Peña disfrutando de todos los amarillos y marrones que el otoño ofrece a los bosques. Llegamos al valle y giramos hacia Jaca. El valle de Canfranc presentaba una visión fascinante. La naturaleza se imponía al ser humano mostrando su poderosa fuerza matizada por lo sutil de sus tonalidades, olores, sonidos del agua corriendo en forma de innumerables hilillos. A ver, que uno es urbano, pero cuando se ve inmerso en esas fantasías su alma retorna al árbol del que un día descendió. La meta apareció a los pocos kilómetros: Villanúa. Dejamos a un lado las modernas urbanizaciones y nos dirigimos a la plaza Mayor, donde está la casa que un amigo nos prestó para el fin de semana. El objetivo de aquella parte del viaje estaba claro, encerrarse a cocinar y fotografiar los platos innovados. Se trataba de un ejercicio de investigación y el resultado fue desigual. Como había parado de chispear, antes del encierro culinario, nos fuimos a caminar un buen trecho por el monte para poner en práctica lo aprendido en las Jornadas del día anterior. Podríamos mentir, pero queremos mantener un nivel alto de honestidad en este escrito así que dejamos constancia del resultado de la búsqueda: un único rebollón, y agusanado para más recochineo. Total, para tres horas de caminata por laderas embarradas no está mal.

En la quesería de Villanúa lo artesano no está reñido con las nuevas tecnologías

Tras el fracaso comenzó el maratón de guisos, del que sólo salíamos periódicamente a apagar la sed con la buena cerveza que sirven en el bar asador del pueblo. Las recetas experimentadas fueron diversas, así como su grado de acierto: careta ce cerdo glaseada con cocacola con longaniza aragonesa muy tostada, que fue la primera y más acertada creación del fin de semana; pasta de setas con salsa de chile chipotle, que no estaba mal, pero la combinación no era de lo más sugerente, prueba de que dos buenos productos no tienen porque formar un buen plato; ensalada de corazones de alcachofa con aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón, que no ganará el premio a la originalidad, pero nos fue muy útil por su carácter depurativo a esas alturas del fin de semana; Patatas chips crujientes con ajoleo y picadillo de longaniza goteadas con reducción de vinagre de Jerez y garnacha de Borja, excelente combinación que trataremos de extender por Zaragoza.; y llegamos a lo más importante, la verdadera excusa de la investigación, las croquetas. Cuatro fueron los tipos proyectados y, como en todo experimento basado en el error-acierto, distinto su resultado. Las primeras fueron de bechamel ligera con longaniza, otras de foie y rebollones, de careta de cerdo y por último las originales croquetas de verduras, queso de oveja (adquirido en la muy recomendable quesería de la localidad: Queso Xortical) y mole (salsa mexicana con cacao como ingrediente dominante). No describiré el resultado porque está mal hablar de una obra propia, pero tal fue el festín que nos homenajeamos con las elaboraciones que la producción del Campo de Borja se quedó pequeña para poder digerirlo todo. Aunque sea vergonzoso reconocerlo, el pan de Bailo era de tal calidad que no pudimos resistir. Todo lo expuesto anteriormente se acompañó con unas enormes rebanadas de pan de corteza gruesa y masa pesada y muy agujereada, como mandan los cánones antiguos. Pecado de gula para el alma y de digestión para el estómago. Nada recomendable para los no iniciados en el mundo de los atracones. Dos maestros en ello aun tuvieron un momento de recuerdo y añoranza de los coulants del día anterior y de las tortas de manteca, que fue superado con las magdalenas y unas onzas de chocolate que hurtamos al dueño de la cas. Hubiese sido una indecencia terminar esa cena sin un buen postre. Las tres de la mañana fue la hora final de la cena y unos cuantos licores espirituosos ayudaron a que desapareciese la sensación de hartazón que presidía la velada.

Picadas de longaniza y de careta para las croquetas

Elaboración de la bechamel de mole (fase investigadora)

El día siguiente amaneció lloviendo y ante tal panorama decidimos arrear hacia la capital del Ebro. La reflexión del viaje de vuelta fue que por fin habíamos rellenado el agujero negro que teníamos sobre la zona. Es más ahora son tierras que brillan en nuestro mapa mental aragonés. Ofrezco firmemente el consejo al lector de que se acerque a Bailo o a Longás (el próximo fin de semana celebra sus Jornadas Micológicas, serán fantásticas también), pues hay casas rurales hermosas en ambos casos y restaurantes de ensueño), la hospitalidad la ofrecen a raudales. El fin de semana fue maravilloso: buenos alimentos, bellos pueblos, naturaleza y ejercicio saludable y por encima de todo ello una compañía de primera. Él, un vasco noble de Bailo, ella, un espíritu universal de Longás. Una combinación ganadora. Distintos y complementarios como sus pueblos. Necesitamos gente como vosotros. Gracias anfitriones.

Croquetitas de longaniza para el camino


Cisco Cerrada y el Bolilla

martes, 2 de noviembre de 2010

Zaragoza ciudad Santa y Guerrera (Tapas para Todos)


Zaragoza ciudad Santa y Guerrera (Tapas para Todos)


El pueblo también reclama valores


Hay dos circunstancias en Zaragoza que no se pueden negar. La presencia y dominio del espacio urbano por parte de dos viejas instituciones son hechos incuestionables para el habitante de la ciudad. La Iglesia católica y el Ejército campean a su antojo por las calles zaragozanas, llenan de simbología y rituales sus rincones, y alentadas y sufragadas desde el poder municipal mantienen privilegios incuestionables que va siendo hora de analizar y poner en tela de juicio. Esto es lo que vamos a intentar hacer en estas líneas.

Excelentísimo condecorando


Ciudad santa, no hay duda. Todas las órdenes religiosas existentes en el panorama católico tienen su presencia en algún rincón de la ciudad. Durante siglos cientos de conventos, parroquias de barrio, hermandades y cofradías han convivido con sus grandes catedrales, su palacio episcopal y su triunfal virgen patronal. Un rápido repaso al santoral católico afirmaría la presencia de todos y cada uno de ellas y ellos en algún altar  de veneración. Habrá quien será alabado en una lujosa capilla u altar frente a una multitud entregada; otros lo serán sobre más humildes tronos, peanas procesionales y otras ubicaciones menores; incluso los menos afortunados desde sus pequeñas hornacinas miran hacia abajo a sus fieles peticionarios dispuestos a la intercesión ante la divinidad.

Dirige la mirada al orante


La presencia de la Iglesia en la ciudad ha dejado huellas estéticas y urbanísticas de difícil limpieza. Pero en el plano institucional su presencia e influencia no ha sido menor. Todo tipo de prebendas y privilegios siguen vivos sin que el ciudadano ajeno a ella tenga la más mínima posibilidad de modificar, ni mucho menos de eliminar. Ejemplos encontramos casi a diario en el día a día de la vida urbana. Procesiones, peregrinaciones, romerías, rosarios predemocráticos, manifestaciones de fe con cánticos, largas letanías, jaculatorias, mamporreo de tambores y trompetas salen sin pudor a ocupar los espacios cívicos y comunes. Largas filas de creyentes impiden el paso de la circulación a los ciudadanos, dificultan su transporte  reclamando el secular derecho de ocupación que creen que les pertenece por definición. Cánticos atronadores como el Bendita y alabada sea la hora se imponen cotidianamente sobre el sonido de ciudad, imponiéndose y recordando el poder que siempre tuvo en el espacio zaragozano. Campanazos horarios rítmicos y otros avisos sonoros que se superponen en una competición atronadora silencian miles de conversaciones que enmudecen ante el metálico tintineo. Presencias antiguas que continúan siendo alentadas tanto por quienes participan de la fe y el fervor religioso como por quienes sencillamente asisten contemplativos a sus manifestaciones, y son permitidas, apoyadas y las más de las veces financiadas por las instituciones que nos representan a todos los ciudadanos.

Plaza de las Catedrales



Ciudad guerrera, otro concepto definitorio indudable. La posición privilegiada de la capital del Ebro dentro de nuestra piel de toro la ha convertido en tradicional objetivo de ocupación de otra institución importante: el ejército. La posición casi equidistante a un círculo de grandes ciudades como Madrid, Bilbao y San Sebastián, Barcelona y Valencia, la sitúan como el centro logístico estratégico más importante del norte del país. Es por ello que cuarteles, capitanías comandancias, monumentos, banderolas, escudos y otras alusiones al cuerpo armado pueblen sus rincones; y campamentos, regimientos, hospitales, campos de tiro, academias, bases de operaciones, centros lúdicos y ecuestres rodeen la ciudad escoltándola y protegiéndola de potenciales enemigos anónimos y nuevas oleadas de temidas invasores  bárbaras. Si está clara la huella física en la ciudad, no es menor, como en el caso anterior, la presencia institucional del ejército en la ciudad. Una recua de paradas militares, izados de bandera, homenajes a sus guerreros del pasado, desfiles amenizados por orquestas marciales son actividades cotidianas por esta castrense ciudad. Congresos, seminarios, reuniones y maniobras no son hechos ajenos al acontecer diario de Zaragoza. No son pocas las ocasiones en las que el taconeo de las botas y el soniquete metálico de correajes y cartucheras se imponen en las grandes arterias de la ciudad colapsando la vida normal de las mismas. Tanques, blindados, aviones, incluso largas filas de caballos esparcen sus humos y heces por la atmósfera cívica. Animadas y sufragadas económicamente con fondos públicos, estas manifestaciones, lejos de ir cayendo en presencia e intensidad, van incrementándose al mismo ritmo que en otras ciudades languidecen y desaparecen.

Espectáculos en familia


Aunque los deseos de libertad de quien escribe estas líneas reclaman la completa eliminación de dichas instituciones y todas sus manifestaciones, no es el objetivo, esta vez, tal demanda. En nombre de principios, evidentemente ajenos a los que imperan en el panorama político municipal, como la justicia y equidad, tengo el deseo de exponer en breves líneas una  lista de razonables peticiones al consistorio que en breve se convertirán en un clamor.

Recepción ante la Presencia


Yo, Cisco Cerrada, señalado por mis correligionarios como primer Gran Maestre de Tapas para Todos, nueva religión recién inscrita en el Registro del Ministerio del Interior, reclamo en nombre de sus fieles unas demandas al Ayuntamiento en consonancia a las que tienen otras instituciones del mismo orden. Como base ideológica de las mismas haré referencia a los principios de nuestra fe para que no se tomen a pitorreo las peticiones, ni se tilden de arbitrarias sus propuestas. Para que se entienda bien el mensaje de su Evangelio haré un ejercicio comparativo con objetivo esclarecedor. Cada uno de los principios que sirven de pilares ideológicos de la comunidad católica tiene un reflejo en esta nueva religión que tengo el honor de guiar. A la tradicional discriminación de la mujer en el mundo, nosotros presentamos un nuevo panorama ajustado al concepto de igualdad. La mujer, al menos, debe de tener el mismo poder social que posee el varón, pues de justicia es dirigir el mundo al que das a luz. Otro principio rector católico importante es la consideración pecaminosa y negativa de la actividad sexual fuera del ámbito reproductivo. Allá ellos, pero nuestra propuesta es sencilla. Sexo en libertad absoluta. La consideración positiva de tal actividad nos lleva a plantear la conquista del espacio público por parte de la misma. Quien quiera mantener sus encuentros sexuales en terreno privado puede seguir haciéndolo, pero en vistas de lo beneficioso para la salud y lo estéticamente bello de su praxis, consideramos esencial el paso al espacio público de la práctica sexual. Frente a la consideración de la familia tradicional compuesta por un matrimonio, indisoluble entre un hombre y una mujer, y su prole como célula de la sociedad, nace en nosotros la creencia de que la sociedad debe sustentarse en el asociacionismo libre y abierto de individuos, que voluntariamente decide unirse según la afinidad de pretensiones, actividades, gustos, aficiones, reclamaciones, penas y alegrías. La discriminación social del colectivo homosexual que se lleva a cabo por la milenaria institución y la consideración de enfermedad y/o aberración de su actividad sexual y afectiva, es sustituida en nuestro ideario por la del reconocimiento de la normalidad de tal opción y de su libre ejercicio.

Mandados de un Credo


Sirva este rápido repaso de nuestros principios y valores como sustento base de las peticiones que vamos a exigir a los poderes públicos. Trataremos de todos modos de justificar las mismas para que no se nos tilde de quejumbrosos y tiquismiquis. No pedimos permisos y financiación de actividades por el mero hecho de que otros ya disfruten de ellas, sin justificación alguna, y en ocasiones incluso incumpliendo los principios democráticos y constitucionales

Respeto para todos


En primer lugar exigimos estar presentes en el callejero urbano. Zaragoza tiene cientos de ejemplos en el nombre se sus vías públicas de personajes pertenecientes al mundo castrense y al católico. Respetamos la plaza de la Santa Cruz pero exigimos la de la Santa Cebada, frente a San Pedro Nolasco pedimos la de Santa Barrica. Otras futuras denominaciones que serían aceptables por nuestro santoral serían Vía del tapeo, Rotonda del Carajillo, Avenida de la Paletilla, Callejón de la Salmuera, del Chipirón, de la Croqueta y de la Santa Vendimia. La Plaza del Santo Pincho de Tortilla sería tan deseable como la del Cuscús y la Paella. Reclamamos la calle del Jamón con Chorreras y la del Calamar Bravo, la de San Colesterol y la de Las Papas con Alioli. La Ronda de la Hispanidad bien podría ser la de Supermaño y la Subida Cuellar la de Santa Cigarrera del Tubo. Queremos pasear en un futuro por el Parque del Rebollón, o por el de la Faria. Ir a trabajar por la Avenida de la Garnacha o la de La Madeja. Ir a buscar a los críos al cole por el Paseo del Pan con Tomate y por el de la Trenza de Almudévar, por el de las Sardinas Asadas y el de la Santa Morcilla. La Longaniza Mártir y Las Tortetas no serían ajenas al futuro callejero como tampoco El Santo Anís y el Vermú de Ainzón. Así podríamos continuar durante horas, pero será en otra solicitud que dedicaremos en exclusiva a estas peticiones donde concretaremos todos los cambios del callejero que estaríamos dispuestos a negociar.

Nuevo callejero para nuevos tiempos


Asi pues, es deseo de Tapas para Todos dejar constancia de nuestra presencia en el nombre de sus vías como las han dejado otras opciones religiosas y asociativas; también consideramos necesaria una mejor y más equitativa adjudicación de terrenos y locales municipales para la práctica de ritos, asambleas y actividades comunitarias. De este modo deseamos la cesión por parte de la  corporación que usted preside de un recinto con capacidad suficiente para la celebración de los actos antes descritos en cada uno de los barrios de la ciudad. No es necesario que tengan torres con campanarios pues nuestros feligreses tienen capacidad para situarse en el tiempo mediante unos instrumentos que se denominan relojes. No son necesarias las agresiones acústicas generales para advertir del inicio de nuestros cultos, que por otro lado tienen unos horarios muy estrictos y conocidos por todos: la hora del almuerzo, la de la merienda y la del copeo nocturno, a la que se suma en día sábado y en festivo el rito principal: el Sagrado Vermú, que es la celebración obligatoria de la semana para nuestra comunidad, la que más afluencia congrega y la que requiere de mayor preparación. Así que con el único motivo de amenizar la entrada en nuestro templo solicitamos la instalación de altavoces en el exterior de los locales con Cocidito madrileño sonando a considerable volumen de manera ininterrumpida. A diferencia de otras asociaciones religiosas que consumen únicamente productos que no necesitan de mucha preparación previa (Pan ácimo en forma de oblea, vino para pasarlo, etc…), será necesario para nuestros locales la instalación de una completa cocina, atendida por personal altamente cualificado para temas gastronómicos.

Cocidito madrileño ...


Otro capítulo de demandas están orientas a lograr las mismas ventajas fiscales y jurídicas que gozan agrupaciones de similares objetivos. Exigimos la disminución o total eliminación de cargas impositivas por actividades similares a otras que actualmente se desarrollan en Zaragoza. Consideramos equivalente la venta de las llamadas medidas de la Virgen, los dulces de conventos y multitud de boletos para diversos sorteos y loterías con nuestras actividades de servicio de cerveza y tapa de los bares adheridos a nuestra red, que básicamente son todos los de la ciudad. Por lo tanto han de igualarse las prebendas fiscales que gozan. La misma equiparación debería hacerse en el nivel de exigencia del personal contratado. Esto es importante para el caso de la obligatoriedad por parte de nuestro personal de obtener el molesto Carné de Manipulador de Alimentos, que al no ser necesario para el personal laboral que administra alimentos litúrgicos tampoco lo será para el nuestro. No solicitamos la eliminación de inspecciones de Sanidad en nuestros bares y tabernas, pero si que se efectúen con la misma frecuencia con que se hacen en las iglesias zaragozanas.

¿Carnet de Manipulador de Alimentos?


Por último y no menos importante por significativo queremos concluir con el capítulo de los símbolos y celebraciones institucionales. Si no es voluntad del alcalde la retirada del enorme crucifijo que adorna su despacho y preside reuniones y encuentros de trabajo, exigimos que junto a él se instale con el mismo tamaño y presencia un grifo de la cerveza local, que además de hacer patria y publicidad de un producto nuestro tan querido por todos, calmaría la sed del visitante y ayudaría a serenar el ambiente político tan enrarecido últimamente. Cada misa que el Excelentísimo Alcalde se eche a la butxaca deberá equilibrarse con la asistencia a una tasca y el correspondiente pago de una ronda a los ciudadanos allí presentes. Las festividades locales tendrán que equilibrar su reparto, San Valero para los católicos, El Cinco de Marzo para los belicistas, y para los adictos al tapeo proponemos el día de San Martín por sus consideraciones porcinas. El último aspecto simbólico que nos agravia es el tema del escudo de la Ciudad. Tiene éste lógicas y claras referencias a temas militares (desde el propio león que proviene del vocablo legion en honor a sus romanos y castrenses fundadores, hasta las alusiones en su lema Muy heroica …) y a cuestiones religiosas (recordemos los innumerables mártires recordados en su leyenda). Es por ello que exigimos la adición de nuestra simbología para que junto a las anteriores conforme una imagen real de los valores cívicos de Zaragoza. Como sugerencia proponemos añadir al lema Vine, bebí y vencí, así como la aparición de una trompa de elefante en uno de los laterales en honor de los estados de conciencia alterados provocados por el alcohol en el día a día ciudadano, así como la imagen de un tradicional bocadillo de calamares al otro lado que refleje nuestra añoranza del mar desde el desértico valle que habitamos.

Símbolo de nuestro nuevo escudo


Comprendiendo las dificultades que encontrará el Alcalde para sacar adelante las demandas de Tapas para Todos, pero confiando en que la justicia de las mismas se impondrá por su propio peso, se despide con afecto el Gran Maestre de la Orden, no sin antes convidarle a participar en alguna de nuestras celebraciones.

Esfuerzo por integrarse en nuestra religión


Con afecto, Cisco Cerrada

lunes, 1 de noviembre de 2010

Empanada a la aragonesa

                               EMPANADA DE MORCILLA A LA ARAGONESA
     


Aunque todos amamos a Cisco lo vamos a relegar para más adelante. Nos centraremos en un intento de aragonizar un plato que tiene su mayor referente en Galicia. Pero nos atrevemos a afirmar que en cualquier localidad española existe una preparación similar. Así que no nos duelen prendas en arriesgar en una con productos de nuestra tierra.
Llegando el frío y con él nuestras añoradas verduras de invierno, y el que suscribe, adora por encima de otras la denostada “Borraja”, la elegimos por su sencillez de sabor y textura. Un producto un tanto desconocido fuera de la rivera del Ebro, pero de una suculentez extrema. Por ello, decidimos darle un merecido trato y acompañarla con otro producto muy aragonés y muy contundente, la “Morcilla de arroz”, aunque muy afamada la burgalesa, por estas lindes no nos quedamos atrás en la lucha por una calidad más que merecida.

Sin más preámbulo os exponemos los ingredientes para su elaboración:

-Para la masa:

- 500 grs. harina
- 200 cc. agua tibia
- unas 12 cucharadas soperas de aceite de oliva (unos 100 cc)
- 1 trozo de levadura prensada de panadería (del tamaño de una nuez)
- 1 cucharadilla de sal


-Para el relleno:
 
-         300 grs. De morcilla de arroz
-         300 grs. De borraja( limpia, solo tallos)
-         1 cebolla
-         Arándanos, pasas u orejones(según gustos)


En primer lugar dispondremos sobre la mesa todos los ingredientes y dos o más vasos, según el número de aprendices de cocina que estemos, introduciremos en dichos vasos una generosa cantidad de hielo, a continuación elegiremos un buen Vermú casero verteremos en los vasos junto a un poco de sifón y, a modo granaino, unas gotas de ginebra y su rodajita de limón. Sin todo esto no aseguramos el éxito de la receta.
Hecho esto procederemos disolver la levadura en el agua, en un bol pondremos todos los ingredientes y procederemos a mezclarlos hasta obtener una masa compacta que no se pegue a los dedos. Dejaremos la masa tapada con un paño de cocina a temperatura ambiente entorno a una hora, hasta que doble su tamaño.

 Entre tanto pondremos una olla con agua y sal a hervir y prepararemos un recipiente con agua y hielo. Cuando el agua este hirviendo meteremos la borraja en ella unos 5 minutos( nos tiene que quedar bastante tiesa la borraja) la sacaremos del agua hirviendo e introducimos directamente en el agua con hielo. Cuando enfríe la pasaremos sobre papel de cocina para que se seque.


Por otra parte desharemos la morcilla con las manos sacando el relleno de la tripa y reservaremos.





En una sartén con un poco de aceite caramelizaremos la cebolla, cortada en juliana, a fuego muy bajo.

Transcurrido el tiempo para que leve la masa la dividiremos en dos partes iguales y estiraremos una de ella con ayuda de un rodillo. Una vez estirada y dado la forma que más nos guste(redonda, cuadrada….) la dispondremos en la bandeja de horno.






Sobre ella pondremos una capa de morcilla, sobre esta repartiremos la cebolla y los arándanos. Por último colocaremos una capa de borraja y podremos tapar con la otra parte de masa estirada de la misma manera y  sellaremos los bordes, haremos en el centro de la empanada la famosa chimenea, aquí nos saldrá el artista que llevamos dentro para darle estilo propio a esta chimenea.


Es el momento de introducirla en el horno que habremos calentado previamente a 180ºC y dejaremos entre 30 y 40 minutos dependiendo del horno.
Ya solo nos quedará esperar saboreando ese delicioso vermú y una buena conversación con nuestros compañeros de fatigas.

Salud y buenos alimentos.







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