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miércoles, 19 de enero de 2011

Receta de Tortilla paisana con sesos de Ternasco de Aragón

Receta Tortilla Paisana de Sesos de Ternasco de Aragón

Receta Tortilla de Sesos

La obra culminada.
Aparente tortilla de patata vulgaris,
que esconde su secreto


Verduritas al vino blanco y sesos de Ternasco de Aragón

Algunos no pudimos evitar comerla en bocata



Ingredientes:

Una docena de huevos de gallinas camperas
Una cebolla
Un pimiento rojo
Un manojillo de espárragos trigueros
Una lata de guisantes cocidos
Una zanahoria
Dos sesos de Ternasco de Aragón
Aceite de Oliva Virgen Extra D.O. Bajo Aragón
Una copa de vino blanco
Sal y Pimienta

¿Queda claro, no?

Menuceles exquisitas y sanas

Afrutado y aromático
D.O. Bajo Aragón

Espíritu alemán, raices aragonesas
Casi nada


Elaboración:

En primer lugar pocharemos la cebolla cortada en juliana fina (para eso estamos los que todavía nos gusta encontrarnos la cebolla en la tortilla, pero si hay algún remilgado o, peor, alguno de los calificados como gourmet, el picado será lo más fino posible para que nuestra amiga de Fuentes de Ebro pase desapercibida) en una sartén con dos cucharadas de aceite de oliva. Cuando ésta se encuentre blanda y comience a dorarse añadiremos el pimiento, la zanahoria y los trigueros cortados en bastoncillos finos.

Mientras tanto, en una cacerola coceremos los sesos a los que previamente habremos lavado bien y repasado de las posibles impurezas que presenten. El punto de cocción nos lo dirá el color blanquecino que irán adquiriendo y la textura cremosa que deben conservar. El peligro está en pasarse, pues nos quedarían muy secos por dentro. El tiempo conveniente variaría entre los cinco y diez minutos en el agua hirviendo. Cuando los sesos estén cocidos los trocearemos y se los añadiremos a la sartén de verduras para que se integren bien los sabores.


En juliana, que se note la cebolla

Pochando, pochando...

Y todo bien mezcladito al huevo generoso

Sobraron sesos que fueron cayendo como pipas

Con todo unificado, pasaremos a darle un toque de distinción y originalidad vertiendo una copita de vino blanco de la tierra y dejándola reducir hasta que apenas quede líquido en la sartén. El licor le aportará un dulzor que suavizará el poderío de los sesos y una jugosidad que agradecerá el comensal al partir la tortilla y ver desparramarse los ingredientes ante sí. Una batalla vencida a la tortilla-argamasa tan odiada por los iniciados.

En un recipiente grande y profundo batiremos la docena de huevos. Pueden parecer muchos pero en estos tiempos remilgados parece que hasta la tortilla debe hacerse baja en colesterol. Pues no comas tortilla, que por definición es una mezcla de ingredientes cuajados en huevo. Una vez bien batidos les añadiremos todo el contenido de la sartén y revolveremos todo para que se impregne bien de huevo. Dejaremos la mezcla reposar unos minutos.

Ésta es la cremosidad deseada

La confianza es un valor en alza

Vale la pena


Verteremos por último el contenido del bowl en la sartén de nuevo. Lo recomendable es que esté engrasada con unas gotas de aceite y el fuego bien fuerte, para que la tortilla se cuaje bien rápido por fuera y pueda quedar crudita en su interior. El arte de darle la vuelta se deja a la habilidad de cada cual. Una vez doradita por ambos lados, dispondremos la tortilla en su bandeja final. Hay que tener en cuenta que, una vez retirada del fuego, el calor concentrado en el interior de la tortilla seguirá cociéndola por unos minutos y se asentará bien. Los forofos de la textura cremosa la atacamos justo al sacarla de la sartén, para no dar tiempo a que pierda cremosidad. Y los fanáticos del huevo crudo somos tan radicales que podría decirse que nos la comemos con cuchara.

Sobremesa:

Tras deleitarse con la finura de esta tortilla, la sensibilidad por lo delicado y lo dulce se habrá encendido en nuestro apetito, así que a la hora de la sobremesa recomendamos rematar la comida con dos ingredientes complementarios. Un queso cremoso de tipo francés que no hace falta que sea muy especial, acompañado de unas copas de Sauternes, que sí es necesario que lo sea. Tenemos en cuenta lo caro que resulta este caldo, pero considerando que el resto de la comida está compuesto por ingredientes más que económicos, uno se lo puede permitir. Tortilla, queso y vino: no nos hemos salido de la esencia tradicional de nuestros abuelos, pero intentando darle un toque renovador.

Objeto de odio por parte de nuestro protagonista.
Símbolo del monstruo a derrotar

Paisajes de la noche de autos: Coso

Plaza de España

Gasolinera del Paseo de la Mina


Para la conversación y por entrar en contraste con la amabilidad del plato la propuesta es un tanto revolucionaria. Sólo con plantearnos una cuestión entre los comensales, la controversia está garantizada: ¿Vale la pena luchar contra los poderes para lograr mejoras en este mundo, o es mejor dejarlo reventar incluso dándole algún empujón destructivo? Nuestro amigo Cisco ha elegido y aquí está su propuesta para calentar una fría noche zaragozana.


Capítulo 2 (Mala noche)

Con pasos largos y contundentes cruzó la Plaza de Los Sitios, ignorando a los héroes que con mirada pétrea le escrutaban desde en centro del parquecillo. Atravesó el paseo de la Mina y se dirigió a la gasolinera, donde sin mostrar extrañeza, dependiente de la tienda le vendió una garrafa de cinco litros de vino cosechero. No es que debiera extrañarse por la venta del tinto peleón, sino por lo que el cliente hizo con él. Salió a la puerta y vertió el contenido de la garrafa en la alcantarilla más cercana. Es cierto que a mitad del proceso hizo un alto para echarle un trago y catar el género que estaba desperdiciando. El caso es que necesitaba un recipiente para llenarlo de carburante y no se le ocurrió otra cosa que adquirir la garrafa de cinco litros de vino, pues su odiada Coca Cola venía, como mucho, en envases de dos litros, insuficientes para su objetivo.

-Pena de final para un caldo poderoso como éste- pensó mientras regaba las rejillas metálicas del sumidero- pero el resultado valdrá la pena.-

Con el recipiente ya vacío se dirigió al surtidor más cercano y lo llenó de gasolina. Volvió a entrar a la caja, pagó y salió con la mercancía en la mano. Remontó la calle hasta San Miguel y por el Coso se dirigió hasta su meta. El frío iba en aumento aquella noche, se había levantado viento, pero eso no preocupó a Cisco, pues sería bueno para su proyecto. No era un experto en lucha callejera y manejo de líquidos inflamables, pero siempre había oído que el viento favorecía la propagación del fuego. El panorama se presentaba propicio. Al llegar a la calle Don Jaime miró alrededor para comprobar que no había nadie en la calle, cruzó esperando el semáforo sin necesidad, pues ni un alma conducía a aquellas horas por el centro de la ciudad. Introdujo la tarjeta de crédito el la ranura de la pared y entró en la zona de los cajeros automáticos. Llegó el primer inconveniente de la noche. Entre decenas de mantas y sobre cartones se escondía lo que parecía ser una cabeza. Sin duda se trataba de uno de los muchos indigentes que recorrían la ciudad empujando carritos de la compra y dándole el aspecto de un enorme supermercado a las calles. No tenía alternativa, debía sacar a aquel individuo de su improvisado refugio, así que hizo de tripas corazón y la emprendió a patadas con el mendigo. Intuía que sería inútil razonar con él, por ello prefirió pasar por un ultra de los que van desahogándose con los débiles  para convencer al inquilino de que abandonase su madriguera. Las patadas iban dirigidas en especial a las piernas y al trasero, para no dañar en exceso a su víctima. Ésta le miraba hecho un ovillo hasta que Cisco dejó de golpearle.


Las llamas continuaban ya de día

El esqueleto del monstruo derrotado


- Ahora te vas a la puta calle, pobre de mierda, vago inútil, parásito…- los improperios se sucedían aumentando su crueldad hasta que el mendigo agarró sus pertenencias y salió a la calle sin mirar atrás.

Superado el escollo el plan continuó como había sido diseñado. Vertió parte de la gasolina en cada uno de los tres cajeros que tenía ante sí, y el resto lo vació por debajo de la puerta de entrada a la oficina. Se asomó al interior y vio con satisfacción cómo un charco de carburante se desparramaba bajo la puerta formando un riachuelo que raudo llegó hasta la zona de mostradores y mesas de oficina. Los cálculos fueron correctos. En primer lugar prendió fuego al charco de gasolina del suelo y pudo asombrase de la velocidad con la que el fuego se propagaba en el interior de la oficina. Antes de salir corriendo prendió fuego a cada uno de los tres cajeros empapados con el líquido inflamable. Cruzó el Coso hasta el otro lado de la plaza de España y al volverse admiró su obra. No había pasado un minuto cuando unas largas lenguas de fuego ya asomaban por la puerta principal. Había sido fácil y el resultado valía la pena.

Refugio para sus víctimas


- Lástima ser el único espectador- pensó el cincuentón- Cuando lleguen los bomberos ya habrá pasado lo mejor, solo quedarán escollos- se giró y a buen paso se internó en las callejas aledañas a San Miguel, camuflándose entre las sombras. Primer objetivo cumplido, pero aquello no había hecho más que empezar.


A tomar por el ....
Mejor tortilla, vino y queso, que si lo pensamos mucho acabamos en Zuera todos

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Receta de Paté de ternasco de Aragón casero (Menuceles y Los Planetas)

Receta de Paté de Ternasco  de Aragón casero (Menuceles y Los Planetas)

Madejas: manjares desprestigiados
Receta de Paté

Panceta fresca

Hígados y corazones límpios de ternasco

Cebolla y manzana
Toque dulce

Ingredientes (1´5 Kilos de Paté):

½ Kilo de hígados y corazones de Ternasco de Aragón
400 gr de panceta fresca
1 Cebolla grande
1 Manzana Reineta
125 gr de mantequilla
500 ml de moscatel
50 ml de ron
3 Hojas de gelatina
Aceite de oliva virgen extra
Sal


Cebolla pochando

Más panceta

Más hígados y corazones

Más manzana


La base del paté está elaborada

Elaboración:

Como podremos observar se trata de una receta al alcance de todos los bolsillos y niveles de habilidad culinaria. Sencillez de cocina elemental. En primer lugar pondremos a pochar en una sartén la cebolla picada fina en tres cucharadas de aceite. Cuando comience a estar transparente le añadiremos la panceta troceada, que irá expulsando su grasa y dorándose en ella. Cuando está a punto añadimos los hígados de ternasco troceados y los corazones a los que les habremos quitado la grasa que les suele rodear. De nuevo, cuando prácticamente estén cocinados, llega el momento de añadir la manzana troceada. Y por último, cuando ésta se haya puesto blandita añadiremos la mitad de moscatel y la copita de ron. Dejaremos cocer y reducir todos los líquidos hasta que se queden en una salsita espesa y corta. Entonces retiraremos del fuego y volcaremos todo el conjunto en una fuente profunda o en un vaso batidor grande y comenzaremos a batir mientras vamos añadiendo poco a poco la mantequilla para que se vaya integrando.
Batiremos hasta lograr la textura deseada. Hay a quien le gusta el paté más fibroso, incluso que aparezca algún trocito de carne y hay quien lo prefiere más cremoso y fino. Para éstos últimos se recomienda pasar por un chino o un colador fino antes de introducir la pasta en un molde. Los ideales son los tradicionales de hornear pan de 900 gramos, pero sirve cualquiera. Volcaremos el contenido batido en el molde y pasaremos a la siguiente fase, la elaboración de la gelatina que recubra el paté para protegerlo de posibles oxidaciones y otorgarle un dulzor exquisito.
En una cacerola verteremos el resto del moscatel y lo llevaremos al punto de cocción. Retiraremos del fuego y añadiremos las hojas de gelatina. Removeremos hasta que éstas se integren al completo y con la superficie del paté bien alisada dispondremos el contenido de la cacerola sobre ella. Dejaremos enfriar el conjunto y lo introduciremos en el frigorífico. Lo ideal será que se refrigere al menos ocho horas antes de consumir.
Para servir lo idóneo será cortar láminas del grosor que se vaya a consumir en cada ocasión. Untadas con generosidad sobre un buen pan resulta un bocado suculento, digno de un obispo, dentista o embajador.


Trabajo de batidora
La mantequilla poco a poco integrándose

Textura al gusto
Aquí muy fina

Enmoldamos

Añadimos la gelatina
y a esperar que endurezca

Apuntes sobre las menuceles:

Lo bueno que tiene ser un hijo descarriado o pertenecer a la raza de las ovejas negras de la familia es que nunca se espera nada importante de ti. Por lo tanto, cualquier buen resultado es una sorpresa. Vaya opresión debe de sentir aquél que se ve en la obligación de cumplir las expectativas depositadas en él. Cuantas ocasiones para saborear el fracaso.
Esta reflexión me hacía justo antes de comenzar esta receta porque los ingredientes de la misma pertenecen a mi mismo género. Nadie nos exige demasiado por ser de bajo coste pero, por lo mismo, cuando triunfamos en algo, el éxito se disfruta de manera más intensa. No se trata de cumplir objetivos determinados con antelación. Simplemente los higadillos, corazones, callos, intestinos, manitas, criadillas y gente como yo no nos planteamos esas metas que dirigen la vida de quienes nos rodean. ¿Qué ventajas puede ofrecer esa opción de vida? Un disfrute de otra naturaleza. Frente al previsible y puntual gozo que otorga el triunfo del organizado, nosotros disfrutamos de uno mucho más continuo (podemos detenernos a contemplar el camino sin importarnos que nos adelanten) y en muchas ocasiones más intenso (por inesperado y repentino)


El solomillo nace dirigido al triunfo
Solomillo con foie fresco bajo confitura de frutos rojo con patatas gajo
Éxito previsible
Menuceles viviendo su fracaso: harinas cárnicas

O disfrutando del imprevisible éxito: riñones al Jerez

Un solomillo no puede fallar. Debe ser un éxito en todas las ocasiones. Que responsabilidad la suya, Vaya falta de libertad. No puede permitirse el lujo de hacer experimentos. Es lo que por nacimiento, y todos sabemos cómo acabará. Uno mismo, cual higadillo sangrante nace con la gran incógnita de su destino marcada en la piel. Ora podemos terminar siendo devorados por las bestias en forma de harinas cárnicas deshidratadas, ora podemos pasar a formar parte de los ingredientes de una sabrosa receta como la que hoy nos trae aquí. Gloria o fracaso.
¿Cómo se soporta una vida desde el punto de vista de la incertidumbre? Desde el descubrimiento por parte de los físicos de un mundo en estado de indeterminación, lo llevamos con mayor dignidad. Por lo demás la vida discurre tranquila. Puedes parar cuando quieras porque nadie te va exigir que sigas ruta. Y es en esas paradas donde verdaderamente disfrutamos de nuestros días. Y cuando menos lo esperas, llega de repente una sorpresa que te ilumina el alma. Llega el momento paté.
Para ilustrar mejor el transcurso de nuestras vidas-menuceles Los Planetas nos componen un himno de clase. Una oda a la casquería. Siglos de opresión nos preceden. Millones de reproches nos calumnian. Pero resistiremos.

¡Menuceles, desperdicios y pellejos del mundo, uníos!
Ya haremos la revolución más adelante, por ahora nos conformamos con bailar.


Los Planetas y su himno
Un buen día



http://www.youtube.com/watch?v=cIp4cxoYzuA&feature=fvsr


Salut para todos

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Receta de Cuscús aragonés (Farinetas de ternasco de Aragón)

Receta de cuscús aragonés (farinetas con ternasco de Aragón)

Cuscús. Cada vez más extendido en nuestros fogones


Sémola de trigo esperando ser enriquecida


Receta de cuscús clásica

Ingredientes  del cuscús (10 personas)

1 kg. Sémola de cuscús
1 kg. Carne magra de cordero deshuesada en dados
6 Cebollas
4 zanahorias
4 nabos
1 repollo o coliflor
1 kg Garbanzos cocidos
3 Tomates
6 Patatas cortadas en dados
500 gr. Calabaza en dados
4 Calabacines en dados
1/4 litro Aceite de oliva
2 cucharadas Aceite de oliva
60 gr. Mantequilla
Sal y Pimienta

La Harissa deleita a los valientes


Ingredientes de la salsa Harissa (picante)

8 cucharaditas de pimienta Cayena
4 cucharaditas de comino en polvo
2 cucharaditas de sal


Cuscusera presente en todos
los hogares del Norte de África

Vegetales de huerta

Humilde nabo

Calabacín calabazán

Calabazán calabacín


Preparación:

En primer lugar preparamos la salsa Harissa mezclando todos los ingredientes con una cucharada de agua. Ponerlo en un bowl pequeño, revolver y reservar.

Disponemos la sémola de cuscús en una fuente algo profunda. Le agregaremos 1/2 litro de agua salada y el aceite, gota a gota, mientras se frota suavemente con las manos para que los granos se humedezcan todos por igual. Lo cubriremos con papel de aluminio y lo dejaremos en reposo, a temperatura ambiente durante 15 minutos.

Calentaremos el aceite en una olla donde pondremos la carne y la cebolla. Sazonaremos con la pimienta de Jamaica, sal y una pizca de pimienta negra y doraremos el conjunto a fuego vivo. Tras unos minutos en la olla, agregaremos las zanahorias, los nabos, el repollo y los tomates; y cubriremos con  agua y lo coceremos. Conviene que cuando comience a hervir bajemos la intensidad del fuego.

Instalaremos sobre la cacerola un colador plano (como el que se utiliza para cocer verduras al vapor) y lo cubriremos con un paño de cocina. Dispondremos el cuscús sobre el trapo, poco a poco, frotándolo con las manos para que le llegue el vapor y absorba el aroma del cocido. Dejaremos cocer al descubierto durante 20 minutos. Retiraremos el cuscús y lo pondremos en una fuente. Incorporaremos las patatas, la calabaza, el calabacín y los garbanzos cocidos a la cacerola. Agregaremos más agua hirviendo si fuera necesario, hasta que las verduras queden cubiertas y dejaremos hervir a fuego vivo 15 minutos. Después bajaremos la intensidad del fuego y continuaremos la cocción hasta que todo esté tierno. Mientras tanto, derretiremos la mantequilla y la verteremos sobre el cuscús. Lo salpicaremos con dos cucharadas de agua y lo amasaremos mezclándolo bien. Lo pondremos de nuevo en el colador con el trapo y lo apoyaremos sobre los ingredientes de la cacerola. Cocinaremos durante 15 minutos más.

Presentaremos los ingredientes de la cacerola en una fuente, el cuscús en otra junto con la Harissa.

Jugoso y sabroso


Justificación de la aragonización:

El equipo de investigación gastronómica que lleva a cabo estas transformaciones ha elegido como base para hoy una receta extendida con muchas variaciones por todo el Magreb norteafricano. El cuscús representa como plato el viaje de regreso de aquellos cientos de miles de musulmanes que fueron expulsados desde tiempos de Fernando el Católico y su Cardenal Cisneros hasta su total expulsión, ya convertidos en moriscos en tiempos de Felipe III en 1618. La despoblación forzosa del territorio de la Corona de Aragón de este colectivo tuvo dos vergonzosas consecuencias. La diáspora a la que fue sometida una población de trescientos mil moriscos, que se lanzaron a la búsqueda de un nuevo hogar por todo el norte de África en un largísimo viaje de penurias y cargados de añoranzas. Por otro lado la falta de mano de obra en el campo, oficio habitual de estas gentes, arruinó a multitud de pequeños propietarios (sobre todo levantinos) y provocó largas temporadas de hambrunas. Objetivo cumplido el de aquel Rey de España de claras preferencias castellanistas, si recordamos que en aquellas tierras apenas quedaba población morisca.

Los miembros del grupo (El Bolilla de origen maño, la romanísima Romi y mi persona ejeana de nacimiento) pensamos que la extensión en los últimos años del cuscús por nuestras mesas responde, además de una muestra más de enriquecimiento cultural que nos aporta la inmigración, a un acto de justicia histórica. Un camino de vuelta de unos sueños que un día partieron al exilio forzados por posturas muy católica e intransigentes (poco hemos evolucionado en más de cinco siglos).


Dura posguerra española
Estómagos vacíos

Aquellas viejas obraron el
milagro de la supervivencia

Sus fogones eran los
modernos centros de investigación
gastronómica

La metamorfosis de un cuscús en unas farinetas responde al homenaje que también queremos rendir a nuestras abuelas y sus cocinillas de carbonilla. Ellas, en esas noches de frío y carestía de alimentos de los años de la posguerra, preparaban para toda la familia grandes cantidades de comida siguiendo recetas de humildes ingredientes, pero que con buena mano y su saber hacer convertían en verdaderos manjares. Hoy, con muchos más medios en nuestras manos, proponemos enriquecer la receta pobre de las farinetas por una enriquecida con ternasco del bueno y una larga lista de verduras frescas, para que allí donde estén nuestras abuelas, puedan oler los aromas de nuestros pucheros, que esta vez cocinas en un emotivo homenaje para ellas.

Magrebíes y viejecitas de nuestros pueblos, va por vosotras.

Moriscos expulsados por Decreto del Rey
Felipe III

El Cardenal Cisneros seguro que pronto subirá a los altares
y será alabado por nuestra versión del Tea Party nacional

Felipe III. Con esa cara que tienes no hay comentarios


Historia del cuscús: (información extraída de wikipedia y de Juana Trujillo de Directo al Paladar a quienes agradecemos su buen hacer)

Una de las primeras referencias al cuscús procede de un escrito anónimo del siglo XIII sobre cocina, Kitāb al-taṭbīj fī l-Magrib wa-l-Andalus (Libro de la cocina en el Mágreb y Al-Ándalus) en el que se menciona una receta para preparar el cuscús. El cuscús fue un plato muy apreciado en Al-Ándalus y entre la población morisca durante los siglos posteriores, como lo muestra el hecho de que en castellano antiguo exista una denominación para este plato: alcuzcuz. En el Quijote se menciona indirectamente, cuando, en el capítulo 9 de la Primera parte, el narrador contrata a un morisco para traducir del árabe unos manuscritos sobre don Quijote a cambio de «dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo». Francisco Rico, en su edición de la novela, comenta a propósito de este pasaje: «Con las pasas y la sémola del trigo se preparaba el alcuzcuz, plato muy apreciado por los moros».

Una de las referencias más tempranas al cuscús en el norte de Europa está en Bretaña en una especie de carta fechada en el 12 de enero de 1699. Siendo anterior una aparición en un texto de Provence en el que describe un viajero denominado Jean Jacques Bouchard cómo se come un alimento similar al cuscús en Toulon en el año 1630. Los franceses lo descubrieron en la época de Carlos X durante la conquista de Argelia. El couscous fue votado en 2006 como segundo plato preferido de los franceses.
Todavía existen dudas sobre el significado original de la palabra cuscús, tomada del vocablo bereber “al kuskus“. Según algunos, designa la cantidad de alimento que un ave coge con su pico y que amasa en minúsculas bolitas para alimentar a sus crías, otros la consideran un afrancesamiento de la expresión “rac keskés“ (triturar finamente) y explican que se trata de una desviación fonética de los términos koskos, keuscas, koskosú y kuskús, empleados en diferentes regiones de África para designar un recipiente de arcilla o de esparto provisto de agujeros, que se adapta a la boca de la marmita y que contiene agua y caldo; recipiente en el cual se mete la sémola para ser cocida al vapor. Ese nombre ha sido dado después a la preparación hecha en esa vasija.
En cuanto a sus variedades regionales, comenzaremos diciendo que el cous cous, en árabe actual se llama “t’aam“, es el plato nacional de los tres países del Mogreb (Argelia, Marruecos y Túnez). Es servido como segundo plato, después del mechuí en Argelia, y de los tajines en Marruecos. Se come modelando con los dedos pequeñas bolitas de “grano”, que se meten en seguida en la boca. Aunque, en los tres países, los elementos básicos son los mismos, sémola y caldo o marga, los ingredientes varían. En Argelia el alcuzcuz va acompañado de garbanzos, de habas, de una gran cantidad de legumbres y hortalizas (alcachofas, calabacines, patatas, berenjenas, cardos, hinojo, guisantes) y, algunas veces carne. El mesfuf, alcuzcuz preparado con habas frescas y uvas pasas, está reservado para las comidas del alba en el mes del Ramadán; se come bebiendo suero de leche (leben) o con leche cuajada (raib). El cuscús sahariano es servido sin legumbres ni caldo. En Tunicia, puede hacerse con conejo, con perdigones o con carnero. Allí, los garbanzos son de rigor. La fórmula más original es la del alcuzcuz de pescado (besugo o mero), pero también existe un alcuzcuz en el que la carne, el pescado y las legumbres son reemplazados por uvas, pasas y almendras, pistachos, dátiles y nueces, el conjunto es servido con leche fresca y azucarada. En Marruecos suele ser acompañado de carnero o de pollo y, por lo general, es servido con dos caldos: uno para remojar la sémola, y otro, sazonado con guindilla roja, para darle gusto. Los numerosos ingredientes (nabos, calabacines, unas pasas, garbanzos, cebollas) son sometidos a una cocción muy prolongada, que los reduce a un especie de confitado. Otra receta marroquí es el cous cous con azúcar y canela.
Cualesquiera que sean las interpretaciones que cada país da a este plato, su preparación se basa en dos constantes, sin las cuales pierde su autenticidad; por un lado, la calidad de los granos, que radica esencialmente en el arte de amasar con la mano y de cocer la sémola, y por otro lado (el alcuzcuz salado, es el más extendido), el sabor de la carne, que se debe en gran parte a las legumbres y a las especias (el ras-al-hanut especialmente) reunidas en el caldo.
Olivares del Bajo Aragón
Picatostes dorados del Cubero
Garbanzos ecológicos de origen aragonés Cal Valls
Transformación de la receta:
Lo cierto y que sin que sirva de precedente la trasformación de los ingredientes originales en productos locales ha resultado relativamente sencilla. Quizá la razón sea la que aduce la Romi, siempre tan sagaz en sus apreciaciones. Habla de una doble proximidad, tanto en cuanto al gusto por los placeres del mundo norteafricano y el aragonés actual, como la cercanía geográfica de ambos mundos. Tan vueltos de espaldas durante siglos, que ahora se nos queda cara de panolis cuando la globalización nos obliga a mirarnos a los ojos de nuevo. Que paradojas. Por nuestra parte intentamos aportar un granito de arena para que el acercamiento de las civilizaciones sea cordial y pacífico; integrador y enriquecedor y placentero y sobretodo lleno de buen humor.
La sémola de trigo tiene una equivalencia lógica con la harina con la que elaboraremos las farinetas. Así como la carne de animal más bien viejo que utilizan al otro lado del estrecho será sustituida por la de nuestro tierno y sabroso ternasco aragonés. La base de las verduras será la misma con alguna variación como la reducción de cantidad de garbanzos, que nos dificultaría una buena digestión dado el aburguesamiento de nuestros intestinos. Otra variación notable es la sustitución de las patatas originales por picatostes de pan que conjugan mejor con las migas de farinetas y empapan más las grasas de la carne y el aceite de oliva, además de aportar una textura crujiente tan de nuestro gusto y de la que carece el cuscús.
Dos últimas apreciaciones. Por respeto al original y como guiño al mismo conservamos íntegra la salsa picante Harissa para los valientes, y como muestra de respeto a las tradiciones locales añadiremos unos dientes de ajo al sofrito (en homenaje y agradecimiento a la cultísima Victoria Beckham y su original afirmación de que “España huele a ajo”)
Tajo bajo para bolsillos modestos y paladares exigentes
Nuestra amiga Victoria los odia, España los proteje Un placer
Un saludo del equipo de investigación de la Editorial Ibérica (Cisco Cerrada, Romina Petroiu y el Bolilla)
Salut
Receta de cuscús aragonés (farinetas con ternasco)
Ingredientes de las farinetas (10 personas)
1 kg. Harina de trigo de Aragonesa de Harinas de Binéfar 1 kg. Carne magra de Ternasco D.O. de Aragón de Pastores deshuesada en dados 6 Cebollas de Fuentes de Ebro 4 Zanahorias 4 Nabos 400 gramos Garbanzos ecológicos cocidos tipo pedrosillano autóctonos de Aragón de Cal Valls 3 Tomates rosas de Barbastro 6 Rebanadas de pan de hogaza de Horno Cubero de La Almozara 500 gr. Calabaza en dados 4 Calabacines en dados 1/4 litro Aceite de oliva virgen Extra D.O. Bajo Aragón
Cuatro dientes de ajo (de cualquier gitano del entorno del Mercado Central)
Sal y Pimienta   Ingredientes de la salsa Harissa (picante)
8 cucharaditas de pimienta Cayena
4 cucharaditas de comino en polvo
2 cucharaditas de sal
Elaboración:
La salsa Harissa la prepararemos del mismo modo y con los mismos ingredientes que la receta clásica de arriba.
En primer lugar ponemos en una tartera plana el aceite con los ajos laminados. En cuanto toman color añadimos el ternasco deshuesado y cortado en dados pequeños. Los dejamos sofreír hasta que suelten todo su jugo y se desgrasen. En ese momento echamos el pan cortado en picatostes pequeños y los doramos retirando a continuación con una espumadera los ajos, el ternasco y el pan.
En una sartén con un fondo de aceite pocharemos a fuego lento con sal para extraer bien los líquidos y que caramelicen las cebollas cortadas en juliana, las zanahorias en bastoncitos, y los nabos, las calabazas y los calabacines en pequeños cubos. Cuando estén las verduras tiernas añadiremos los tomates pelados y triturados y dejaremos cocer hasta que el tomate tome su aspecto anaranjado característico. Una vez cocinado todo introduciremos los garbanzos y los dejaremos con el fuego residual unos minutos para que adquieran sabor y empapándose del jugo de las verduras sequen el exceso de líquidos que se hubiese producido, pues conviene que esta guarnición resulte potente y más bien espesa.
En el aceite reservado anteriormente vertemos el agua y añadimos la sal y la pimienta correspondiente. Cuando comienza a hervir agregamos la harina de trigo en forma de lluvia para que no se hagan grumos, removiendo constantemente el conjunto con una cuchara de palo dejándolo hervir durante doce minutos aproximadamente. Entonces añadimos el ternasco con el pan frito y removemos para que las migas de farinetas se empapen bien de sabor.
Para presentar el plato disponemos las farinetas ya enriquecidas sobre el fondo de un plato y sobre ellas las verduras salteadas, rectificamos de sal con unas escamas sobre el conjunto. Acompañaremos de la salsa Harissa dispuesta en salsera para rociar al gusto.
Farinetas, antaño necesidad, hoy place reservado a iniciados
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